El pequeño previsor

Publicado en relatos el 13 de Julio, 2005, 12:29 por Tankian

Una aguja taqueteaba exprimiendo a Chopin de un vinilo bañado en polvo cuando el hombrecillo empujó la puerta de la Funeraria Llecido. Era un tipo realmente peculiar, de gesto enfadado pero tan pequeño y frágil que daban ganas de abrazarle y darle palmaditas en la espalda. Se quedo parado en medio del hall observando sin interés las coronas de flores,el reloj de pie que anunciaba las diez de la mañana a campanazos y los cuadros religiosos de artistas de alucinados.

Vestía un traje que debió ser elegante en los 60, pero que con el paso de las décadas y los lavados parecía un disfraz de vendedor ambulante. Se acercó arrastrando los zapatos por la moqueta hasta  la enorme mesa del  señor Rafael Llecido, director de la Funeraria durante los últimos quince años y fastuoso en su repertorio falsamente amable y , a la sazón, muy profesional.

-Buenos días, tome asiento por favor-extendió una mano de largos dedos hacia una silla al otro lado de la mesa mientras se sentaba pesadamente en su sillón-¿en que puedo ayudarle, señor…?-.

-Diyi, Martín Diyi-se encogió en la silla, carraspeó y su hilillo de voz ganó algo de fuerza-quisiera que mi querida esposa tuviera un funeral perfecto, y he oído que ustedes son los mejores en el negocio-.

-Bueno, bueno…señor Diyi- sonrió con una falsa humildad que apestaba a ego inflado-hacemos lo que podemos. Antes todo mis mas sinceras condolencias por el fallecimiento de su esposa.¿Tenía pensado algo concreto?-.

-Confío en usted, no se preocupe por el dinero. Todo será poco para ella…ella…mi querida Silvia, merece todo lo que usted pueda imaginar y más-introdujo una mano minúscula dentro de su americana y sacó un considerable fajo de billetes morados que depositó en la mesa.

Rafael Llecido se tensó como una pantera ante un gamo distraído; se secó el sudor de la frente con un pañuelo negro y sonrió ampliamente haciendo saltar su mirada entre el fajo y el desinflado hombrecillo.

-No dude, señor Diyi, que su santa esposa entrara al cielo con un fasto que nunca antes se ha visto. Quedará usted plenamente satisfecho-Controló el impulso de abalanzarse sobre los billetes y sacó un formulario de un cajón, lo puso delante del hombrecillo y le cedió con un gesto pomposo una pluma-Rellene este documento, será solo un momento.  Ya sabe, la dichosa burocracia-emitió una risita chirriante que el hombrecillo ignoró completamente, sumido en su apatía-

-Mi Silvia era hermosa, señor, muy hermosa. Bastante más joven que yo, pero eso no fue nunca un obstáculo para nuestra felicidad. Realmente nos hemos amado, oh si, hemos sido una pareja envidiable durante varios años-sonrió evocadoramente; hablaba mientras rellenaba el formulario con una letra diminuta de una caligrafía perfecta-Pero mi pelo comenzó a caer hasta desaparecer, mis piel se ha surcado de arrugas, mi…he envejecido, y ella ha seguido siendo una ninfa preciosa. Y la felicidad terminó, ella era muy joven y pasional para contentarse con un viejo como yo…-empezó  a sollozar como un gatito. El señor Llecido le ofreció un paquete de Kleenex que el hombrecillo rechazó-…sé que ella se ha acostado con muchachos jóvenes últimamente, cada vez con más frecuencia. Nunca estaba en casa, se pasaba los días de compras con mi dinero, señor. Sé que eso debería disgustarme, pero la amaba tanto que he aguantado sin rechistarle jamás…en fin-

Dejó el formulario y la pluma en la mesa, se levantó con esfuerzo y se dirigió hacia la puerta sin dejar de gimotear. Llecido se guardó la pluma en el bolsillo de la chaqueta y repasó rápidamente el documento.

-Bien, señor Diyi, en un par de horas estaremos en su casa para recoger el cuerpo de la señora Casasola. No se preocupe por nada-el hombrecillo ya estaba abriendo la puerta y se volvió lentamente cuando el director le llamó-perdone, señor Diyi, falta algo. No ha especificado la hora del fallecimiento…si fuera tan amable, dígamela y yo mismo lo escribiré-

-Ah, si,…veamos-contempló con los ojos llorosos el reloj de pie del hall durante medio minuto y musitó-son las 10:20…pongamos dentro de una hora-

Rafael Llecido dejó caer la pluma y observó con la boca abierta cómo la sombra del hombrecillo desaparecía con el golpe de la puerta al cerrarse.

*Hoy, miércoles 30 de agosto de 2006 he descubierto que este relato y todas las versiones que le he dado en los últimos diez años, es una copia de "La futura difunta", relato de Richard Matheson. Sería largo de explicar, pero tiene cojones que después de 10 años uno se entere de que uno de sus relatos es un plagio...en fin, cosas del subconsciente.

Mejor lo llamo homenaje y me sentiré menos culpable.

Aclarado queda.