Naufragando en tierra firme

Publicado en relatos el 13 de Julio, 2005, 12:42 por Tankian
Entro a oscuras.Sudo.A oscuras.Suspiro. Mis pies flotan en el suelo, las cortinas se agitan voluptuosas, curvas de gasa que me soplan brisas noctámbulas, enmarcadas en paredes duras y firmes, imponentes en su negrura. Y entre ellas las sábanas se levantan sobre su cuerpo, montañas arrugadas de deseo y humedad, una gigante de libido que me arrastra sin moverse, a cada respiración suya un paso mío, cada vez mas cerca, cada vez mas real, cada vez mas deseable.
Me siento temeroso a orillas del acantilado de su figura, mi ansia en olas despavoridas pero locas por estrellarse contra ella, de fundirse, de gastarla poco a poco, con cuidado y sin tregua.
Levanto los pies descalzos, me despido de la tierra, un hasta luego que sueño con convertir en hasta nunca. Me sumerjo en la cama sin saber bien dónde voy, pero queriendo perderme. Hundo los dedos en su pelo, lo acarició y ella se agita, masticando aire con labios besadores,comedores,amantes y obsesivos. Los beso nervioso mientras con la mano descubro su templo, las sábanas parecen protestar por abandonarla; pero los tiempos han cambiado, ahora es mía, sin concesiones. Poco a poco ella también me besa, sus ojos abiertos iluminan la habitación, me iluminan a mi y me hacen explotar.
Su desnudez ya no me intimida, me absorbe, ella gime entre mis labios cuando sus pechos se ahogan risueños bajo mis manos, expandiéndose más allá, ojos ciegos que me observan brincando furiosos, conos de gelatina sin color , dulces y salados, jóvenes y sabios. Bajo por su vientre duro y tenso, mis dedos ondeando sobre ese mar de lava, rio candente bajo la piel que fluye de su boca a su sexo, radiante y en fuego.
Ella me susurra palabras que no desenmascaro pero entiendo, me acaricia la espalda, serpientes de sudor pasan de mi a sus brazos, adorándola con bífidas lenguas, marcándola con colmillos gimientes.
Chapoteo en su grieta arcana, chapotean mis dedos como un niño con zapatos nuevos, felices y traviesos, irreverentes y absortos, se hunden creando círculos concéntricos de placer que escapan por su boca en chillidos agudos y agudizantes, locos y suplicantes, armados y desarmantes.
Me entierro en ella, apéndice ridículo, enhiesto y acalorado en su interior, indeciso, saliendo y entrando, sin saber dónde quedarse, okupa e invitado, atacante y cobarde, atacante y cobarde, atacante y cobarde.hasta que me deshago en ella, me muero dentro de ella, le doy mi vida y me sonríe arqueando la espalda, celosa por conservarme, absorbiéndome blanco y veloz. Me atrae, sella su boca con mi cáliz, juramento oral y eterno, mordisquea y mima boca y sexo, palabra y deseo, deseo y palabra.
Caigo rendido, mirando al suelo con desconfianza, con añoranza. Y naufrago con ella, para siempre, aferrándome a su tronco, pronto naúfrago barbudo y todo costillas, más dichoso y amante, sobre todo amante.