Freddie&me

Publicado en relatos el 15 de Julio, 2005, 20:52 por Tankian
Yo era el chico para todo, era el tópico andante de comodín de la redacción; repartía el café por las mesas, recorría ruedas de prensa de aburridos políticos y sindicalistas, escribía ridículas crónicas sobre temas tan emocionantes como el concurso anual de retapizado de sofás que organizaba la parroquia de Lakenheat, un pueblecito en medio de la nada que basaba su atractivo en el pub irlandés propiedad de un matrimonio mexicano recién llegado de España.
Llevaba un año como becario y dos en nómina y mis sueños de pullitzer eran cada vez mas nebulosos. Era la mitad de los 70, estaban pasando cosas interesantes en el mundo, de Vietnam a nuestra querida Inglaterra, pasando por España, donde corrían rumores de la enfermedad mortal del dictador que tantos años y esfuerzos estaba dedicando a joder la marrana.
La música también estaba convulsionada, los restos psicodélicos habían germinado y grupos talentosos pedían un sitio con insistencia. Un par de años atrás había muerto Jim Morrison, cuando aún no habíamos llorado lo suficiente las desapariciones de Hendrix y Joplin...se podía pensar que la música se había quedado coja, pero no, muchos jóvenes se resistían a perder a esa gente del todo y los tenían presentes, unos comprando sus discos y tarareando a todas horas, otros en los pubs y los institutos, montando conjuntos que prometían mucho.
Todo eso pasaba más alla de las paredes de la redacción, de los reportajes en parroquias y las charlas en ministerios. Las cosas iban deprisa y yo tenía la sensación de que se me escapaban, pero claro, había que comer y pagar impuestos (deporte nacional británico que practicamos con verdadera devoción patriótica), así que me sentía afortunado por que me explotaran a cambio de unas libras.
Mi paciencia se vió recompensada la tarde en la que Frank Wilson me llamó a su despacho. Frank Wilson era el jefe de la sección de espectáculos del periódico, un trepa que se las daba de gurú cultural; decía que era amigo de Lennon porque una vez este le saludó con la cabeza al cruzarse con él, algo que no parece muy revelador si tenemos en cuenta que Wilson era vecino de Lennon y solían conceder a la hora de pasear al perro por la noche...cinco años de vecindad y un gesto con la cabeza, un buen signo de amistad, pero que muy bueno, si señor.
-James, ¿tienes algo que hacer esta mañana?-muy gracioso, seguro que le divertía mucho pregutarme eso desde su sillón de cuero falso. Negué con la cabeza, no, cabronazo, si no cuenta el vigilar la máquina del café por si tiene alguna fuga-bien, en ese caso tengo una entrevista para tí, dentro de cuarenta minutos en el Rainbow, pregunta por Jack en la puerta de artistas...aquí tienes la acreditación-
Para dar con concluida la visita se concentró en unos papeles que cogió de la mesa; me despedí y salí del despacho algo mas feliz que cuando había entrado, unos tres minutos atrás.
El Rainbow, sonaba bien, si ese año no habían transladado el concurso de pasteles de manzana de Chelsea todo pintaba que iba a entrevistar a alguien del mundo musical; mientras el bus avanzaba a trompicones en el tráfico londinense mi cabeza daba vueltas, llena de pájaros, uno con la cabeza de Bowie, otro con la de Elton John, también estaban por allí los Mott the Hopple, moviendo sus alitas...¿quién de ellos sería mi entrevistado?,¿ a cuál debería agradecer el despegue estelar de mi carrera?...no me dí cuenta de que me estaba riendo hasta que una señora carraspeó y me dirigió una mirada pasma tras sus gafas de mil aumentos.
Llegué a la puerta de artistas del Rainbow diez minutos antes de lo previsto, enseñé la acreditación al hippy que fumaba en la puerta, pregunté por Jack y el hermano canuto cegador me dijo que la última puerta del pasillo a la izquierda.
Por el pasillo me crucé con algunos chavales que corrían con focos, cables y bafles a cuestas. Saludé a tos con sonrisa torcida, ya como en casa entre el artisteo, como si mi vida transcurriera entre backstages y fiestas privadas...ya saben, uno se amolda a todo, sobre todo a lo que lleva toda la vida esperando.
Llegué a la puerta, un cartel escrito con rotulador rojo rezaba Queen...esas letritas escarlata me devolvieron a mi gris realidad de un bofetón. nada de Bowie, Elton o Blackmore...que va, me tocaba Queen, un grupito que era conocido como "el grupo mas ruidoso" o "el grupo joven mas prometedor", pero llevaba prometiendo durante tres discos que ni siquiera había escuchado, ni sabía como eran...pero tenía que entrevistarlos, así que reuní todo el ánimo que se había desparramado a mis pies y golpeé la puerta con los nudillos.
-Adelante-entre y me encontré a cuatro tios con el pelo largo sentados en el camerino más poco camerino que mis ojos habían visto-Eres el del periódico, ¿no?-
El que hablaba era el más alto, un tipo huesudo con una melena muy rizada que rasgaba acordes con una guitarra acústica; fue el único que se puso en pie para recibirme, era correcto, miraba entornando los ojos y parecía el jefe de la manada.
-Soy Brian, guitarra-me estrechó la mano y pensé por unos segundos que me iba a partir los huesos- siéntate hombre, yo ya estoy cansado de la silla-
-¿Brian que más?- pregunté con profesionalidad, anotando lo que se me ocurría en mi cuadernillo de hojas cuadriculadas-
-May, Brian May, guitarrista-miró como lo escribía en el cuaderno y asintió satisfecho- Eso es, muy bien-
-Yo soy Roger, Roger Taylor- era el único rubio, delgado, con los ojos claros grandes, el pelo lacio y rasgos algo femeninos. Tenía la voz fina y algo rasposa, de fumador habitual, bebedor o las dos cosas-soy el que golpea los tambores, ya sabes, para que no se duerma el público-
Sonreí y miré al que parecía mas joven, un chico también delgado, de melena castaña que le colgaba a los lados de la cara. Parecía timido, desde que yo había entrado había estado como una estatua, leyendo una revista sin levantar la vista.
-Tú eres...-me miró, miró a los demás como si no los hubiera visto nunca y carraspeó-
-John Deacon, bajista- y volvió a bajar la cabeza, no parecía tener muchas ganas de charla.
Entonces se levantó el último, no muy alto, vestido con unas mallas bastante horteras, el pelo largo alborotado y los labios apretados, tapando la dentadura. No era especialmente atractivo, salvo sus ojos, algo achinados y muy llamativos, enmarcados por unas rayas de maquillaje negro. Se me acercó con lentitud, mirándome de arriba a abajo, me hizo sentir algo incómodos...tenía algo, aunque no sabía qué exactamente.
-Encantado...-echó un vistazo a la acreditación que me había prendido en la chaqueta-Jim...te puedo llamar Jim ¿verdad?. Yo soy Freddie Mercury, cantante, compositor, artista y muchas cosas más-
Estreché su mano y advertí que tenía las uñas pintadas de negro, muy Glam el chico. Me volvió a escrutar con la mirada, como buscando algo dentro de mí que le interesara, sonrió levemente y se sentó ante un piano de pared. John, Roger y Brian se levantaron y miraron a Freddie, interesados en lo que iba a hacer. Dejé el cuaderno en una silla y crucé los brazos, intentando poner cara de interesado, pero con ganas de hacer algunas preguntas para cumplir y volver a mi añorada oficina.
-Deja que te enseñe algo Jim- ejecutó algunas escalas en el piano, estiró los dedos y empezó a tocar con una pulcritud que me sorprendía, los dedos saltaban con elegancia, apenas tocaan las teclas- bueno, a todos, porque es algo que se me ha ocurrido hace poco...estais oyendo el principio de la mejor canción que se oirá en la historia de la música...escuchad queridos, escuchad con atención-
Y empezó a cantar, su voz era algo que no estaba preparado para escuchar, recuerdo que tuve que apoyarme en el respaldo de la silla y miré mi cuaderno en el asiento, y pensé cómo diablos iba a describir esa voz, qué palabras servirían.
Era una canción trágica, un chico que mata a un hombre y se lo confiesa resignado a su madre, dramáticamente bello en sus lamentos, agudo en su crimen...todos lo escuchábamos en silencio, con los ojos abiertos e intercambiando miradas alucinadas; Roger sonreía y marcaba un ritmo con los dedos en sus brazos, Brian asentía mientras de acariciaba el mentón recogiendo una lágrima que bajaba al ritmo del piano, John escuchaba con la mirada clavada en el suelo, susurraba algo que no pude oir y movía el cuerpo al ritmo que maraba Roger con los dedos.
Me gustaría explicar lo que sentí yo, pero he aprendido con el tiempo que hay cosas que no se pueden escribir, y por algo será. Hay veces que basta con recordar e intentar conservar lo que se vivió, parece una incongruencia, pero no lo es.
El piano dejó de sonar y no había nadie sentado al piano, pero la voz de Freddie sonó clara y alegre : "Y aquí empieza la parte de la ópera". Y miré a Brian, a Roger y a John, que ya no eran muchachos, eran hombres maduros que lloraban sobre el piano, los tres me miraron y dijeron al unísono " Se nos va Jim, Freddie se nos va"...

...Jim, despierta-mi mujer me daba golpecitos en el brazo. Di un respingo y sacudí la cabeza para despejarme-es Brian al teléfono, ¿lo coges aquí o en el salón?-
-Aqui, ahora voy, gracias...-me froté los ojos y pensé en el sueño que acababa de tener; me había gustado, seguramente habia sonreído dormido y eso siempre es bueno. Salvo el final, ese piano sólo me recordo dónde estaba, o mejor, cuándo estaba.
Habían pasado 17 años de aquel primer encuentro que cambió mi vida. Había asistido al concierto aquella noche, había escuchado los discos que tan poco me interesaban aquella tarde y con el tiempo pasé a ser responsable de las relaciones públicas del grupo. Todos esos años los había pasado con Freddie y los demás, y habían sido unos años maravillosos y salvajes. Habían sido un sueño que desde hacía un tiempo estaba dejando entrever un final triste...recordé el piano solitario y suspiré cogiendo el teléfono.
-Hola Brian, perdona, me he quedado dormido, no sé ni que hora es-Brian estaba llorando, su llanto llegaba a mi corazón a través de los cables telefónicos. Sentimientos y tecnología, curioso matrimonio-¿que...que pasa?
-Freddie quiere que vayamos a su casa-el gigantón hablaba con un hilillo de voz, como un niño-nos vemos allí en media hora Jim, hasta ahora-
Me quedé de pie, con el pelo enmarañado, escuchando el pitido infinito del auricular, tragando saliva y ofreciendo mi alma por volver a despertar y volver a organizar una gira.
Entramos en la habitación de Freddie cuando el cielo encapotado tapaba a la luna, que se retiraba a llorar en silencio. Roger, Brian y John me saludaron con los ojos enrojecidos, el vaho salía de sus bocas en espirales pesadas y ralentizadas. Hutton, el compañero de Freddie, nos había saludado en la entrada de la casa, cuando Brian le preguntó cómo estaba le respondió entre sollozos, sus hombros vibraban como una vieja locomotora: "Se quiere despedir Brian, sabe que no llegará a mañana, no sé cómo lo sabe, pero es así...es así".
Freddie estaba tumbado en la cama, con los ojos cerrados, su cuerpo bajo las sábanas era apenas un bulto alargado y esquivo. Estaba arropado hasta la barbilla y sólo rompía el silencio el crujido de la máquina de oxígeno que le ayudaba a respirar...ese sonido, un silbido que apenas se podía reconocer como respiración.
Elton ya le había dicho a Brian que Freddie había perdido la vista, que contáramos con ello, así el impacto sería menos. Pero no era menor, el impacto era el rugir de las olas contra las rocas, el bramido de un león desquiciado ante su somra, la explosión de millones de bombas de dolor...aquél hombre no podía ser Freddie, no era el Freddie que conocíamos, el que agitaba a la gente moviendo un dedo, el que maravillaba con su voz...no era él.
Entonces habló, nos acercamos a la cama para entenderle mejor, porque apenas se le oía; dón se había ido esa voz, dónde estaba ese sonido que nos había acompañado siempre.
-Gracias por venir a todos, quería deciros...que voy a morirme hoy, debería haber muerto antes, pero no quería irme sin despedirme de vosotros...no puedo hablar...adios,os quiero...-
Todos se despidieron de él dándole un beso en la frente, como si fuera un gesto ensayado, todos lloraban en silencio, andaban arrastrando los pies y salían de la habitación sin mirar atrás, con el miedo de convertirse en la sal de su llanto.
Fui el último, le di dos besos, estaba muy frio, le recordé con la corona, animando a la gente, cantando, saltando..siendo, simplemente, siendo. Le acaricié el pelo y enjuagué su sudor; sonrió y me habló, pegue el oido a sus labios:
-Jim, querido, no me olvides-tosió y se quedo inmóvil, yo iba a llamar a los demás, el corazón me salía por la boca cuando volvió a hablar-yo no lo haré Jim, no os olvidaré a ninguno,...a...nadie-
Era el 24 de noviembre de 1991 y Freddie Mercury había abandonado ese cuerpo para volar y esparcirse sobre todos nosotros, lluvias de estrellas, brisas, sonrisas, llantos, recuerdos...Freddie es todo eso y más, mucho más.