la insoportable demencia del celuloide

Publicado en relatos el 15 de Julio, 2005, 20:54 por Tankian
Mi habitación vibra, seguro, al principio era como si fuera una foto y alguien la agitara ante mí, luego el temblor era violento, los objetos dejan estelas desdibujadas y el zumbido es el de mil avispas alucinadas que chillan al unísono, y sus aguijones dibujan círculos blancos tras mis párpados, lo noto, es evidente. Mi habitación es un borrón azul y gris, ha sido agitada y la lámpara se ha fundido con las fotografías, que a su vez se han fundido con el espejo, todo ello se lo ha tragado el armario, que ha sido devorado por las paredes, sepultadas por el techo. Lo estoy viendo, no duermo, es real. Mi habitación se encoge, el crujido del papel cuando se arruga y se convierte en una bola de pliegues grisáceos. Mi habitación es una bola, y empieza a rebotar en un fondo de negrura absoluta, brinca por las esquinas de mi visión, cada vez mas pequeña, alejándose, ahora es un punto que se pierde en el abismo. YO estoy en el abismo, estoy de pie, no me veo, la fe que tengo en mi es lo único que me indica que existo en estos momentos, no tengo consciencia de ser, de estar en algún lado, quizá soy una esquina en el abismo, quizá soy una bola de papel rebotando contra la nada...quizá soy el abismo.
Noto calor en la nuca, no quema, pero no es agradable, me llevo la mano allí, puede que a millones de km, porque no se dónde está mi cuello, si es que tengo. Oigo un chasquido, su eco me sobresalta, me tiro al suelo y me tapo la cabeza con las manos justo cuando suena el disparo. Huelo la pólvora quemada y me encojo porque vuelvo a oir el chasquido...luego el silencio, es como si esuviera tumbado en una nube de electricidad estática, la quietud es tan pesada que me hormiguea el cuerpo, me parece escuchar el crepitar de descargas eléctricas, reacciones químicas que pueblan mi cuerpo.
Oigo pasos, una puerta que se cierra con un ligero gemido y los pasos que se acercan; levanto la cabeza y no veo nada, solo un resplandor débil anaranjado, me incorporó y Nicole Kidman se acerca por mi izquierda, la fuente del resplandor es la lámpara de gas que sostiene ante sus ojos con la mano derecha. La luz de la lámpara forma una especide huevo alrededor de Nicole, un aura naranja que flota y se desplaza en la oscuridad, es como un marco, pues la luz deja ver el suelo de madera que ella pisa y el papel de las paredes entre las que pasa. Y sus pasos son firmes y secos, su rostro inexpresivo y pétreo. Es una estatua con la luz en la mano, un rostro de mármol iluminado por una hoguera, la belleza que deambula por un pasillo que desaparece tras ella. Me mira, no dice nada, no mueve un músculo, se me acerca de frente, con determinación, cuando falta un metro para que me toque una puerta blanca aparece ante mí, no veo a Nicole, el picaporte se mueve con lentitud, llega hasta mí su respiración al otro lado y susurro "en esta casa no se abre una puerta si la anterior no se ha cerrado". Doy un paso atrás, la puerta se abre...
...no está Nicole, ni su luz, ni el pasillo, ni la negrura. Veo mi cuerpo, embutido en una gabardina que prácticamente tocal el suelo; estoy en un parking abarrotado de coches encabritados, los faros parpadean como ojos incrédulos, los motores son un bramido rabioso, algunos consiguen saltar hacia delante, otros parecen caballos con riendas tirantes e invisibles. Noto el agua que cae de los aspersores del techo, los focos parpadean, algunos se funden. No sé dónde estoy, oigo jadeos lejanos y golpes metálicos, siseos que cortaban el aire.
Camino unos pasos, subo un nivel del aparcamiento y veo a dos hombres luchando con espadas, uno es Christopher Lambert y el otro un tipo con gafas, mas mayor, al que no acabo de reconocer...cuando las espadas chocan dibujan chispas que se reflejan en los charcos de agua que pisotean. Me resguardo tras un pilar y veo como Lambert consigue desarmar al adversario, que murmura algo que se pierde entre el estrépito de coches, luces y agua; Lambert mira hacia donde estoy y me escondo jadeando, la espalda húmeda contra la columna, y oigo lo que dice ...there can be only one...la espada separa la cabeza del cuerpo el hombre de gafas, y todo se llena de luz, un estallido azul que obliga a cerrar los ojos, escucho las gaitas tronando y una voz que canta exasperada, un grito y la fuerza que me hace volar durante lo que parecen horas, hasta que me estrello contra algo y me quedo inmóvil, como muerto...
...una mano me levanta con fuerza y me deja caer en una silla que tiembla bajo mi peso. Alguien chilla, pero no le entiendo, me golpean y abro los ojos. Ante mi una mesa, y al otro lado Robert de Niro barbudo, ojos enrojecidos y el rostro contraído en una sonrisa demente. Me mira pero no me ve, se coloca el cañón de la pistola en la sien y murmura ...un solo disparo... entre dientes, aspira y aprieta el gatillo, la pistola cae sobre la mesa y la gente aplaude y grita, no ha sonado ningún disparo, y De Niro me mira emocionado, llorando, asiente con la cabeza y sus labios son una fina linea violácea.
La pistola está en mi mano, tiemblo y no quiero cogerla, pero mi cuerpo tiene vida propia, quiero gritar y salir de allí, pero veo como mi mano se eleva, el frío del cañon aplastando mi pelo; cierro los ojos y quiero despertar, la bala lanza bufidos y se carcajea, la oigo en el cargador, ansiosa por entrar en mi cabeza, quiere matarme, y no quiero morir, no quiero estar ahí, aprieto el gatillo y la bala sigue en el cargador, maldiciendo...oigo los aplausos y las risas, y sollozo mordiéndome los labios...
...siento la emoción, la gratitud me desborda y me llevo la mano al corazón, pues es de ellos, de mi público.
Todos estan en pie, las palmas enrojecidas, las gargantas afónicas, las caras sudorosas y emocionadas. Suspiro, miro a los bohemios a mis espaldas, todos emocionados, los aplausos son para ellos también. Las primeras filas de la platea son caras, reconozco algunas iluminadas por los focos, que nos unen, la misma luz nos alumbra a todos, a nosotros y a ellos. Mas allá de esas caras es una masa de aplausos y buenas vibraciones, siluetas agitadas, bocas como grandes oes negras que me devoran con aliento de triunfo, quisiera saltar sobre ellos, nadar entre sus palmas, zambullirme en sus vítores y dormir en el lecho de ese océano de gratitud.
Aferro el micrófono, mis nudillos blancos, las venas latentes en el dorso de la mano, en todo mi cuerpo, la sangre baila en hondanadas eléctricas, laten mis sienes , danzan mis ojos, lloran y mis poros devoran la fuerza. Carteles saltarines en el mar, trazos negros que se me escapan, los leo y los subrayo con perlas que resbalan de mi mirada, los releo y no siento nada, estoy fuera, en lo alto, lo observo todo como un cóndor de grandes alas, avizor azorado, alado de melodías, partitura anhelante.
Somos los campeones, ellos son los campeones, estamos ganando, todos y cada uno de nosotros, el teatro es una victoria, nuestra música es una guerra ganada, pero nunca, jamás, ni en mil años seremos un triunfo, seguro.
Y la voz sube desde mi epicentro, retumba dentro de mí, un manantial de lava que abrasará al viento, me lame el esófago, me calienta, en enrojece, soy un ascua candente, me hincho en la boca del volcán, siento que voy a explotar y me despedazo entre los dientes, todo yo fuera de mi, freddie escarba en mis entrañas, las agita y me posee, y canta ...of the...wooo..mi brazo le apunta, al cielo, sé quien eres, le digo, sé que estás aquí...ooo...y el sigue fluyendo, saliendo de mi boca, difuminándose sobre nosoros, mis labios tiemblan mientras degluten la explosión...ooo...el teatro es un aullido, somos lobos cantando a una luna tímida y esquiva, somos seres queenivoros que torcemos nuestros cuellos, abrimos las bocas hacia el techo para que él nos alimente...ooorld!!!.
El teatro estalla, es un espejo hecho añicos, los cristales giran en el aire, me enseñan muchas cosas, son flashes que me cegan...la silueta de una mujer y un árbol sobre un ocaso ardiente...una sirena con un bikini blanco, una pistola en la cintura y licencia para enamorar...un padrino inerte entre naranjos y un niño rematándolo con una pistola de agua...un taxista solitario y una niña puta...un proyeccionista censura a la censura y un niño guarda los pedazos...la nieve cae en una bola de cristal y un rosebud escapa de un moribundo...un hueso gira entre los cristales y es una nave...todo evoluciona, todo cambia, todo muere, todos nos vamos y, aunque nos duela reconocerlo, con nosotros solo se van 21 gramos, de felicidad, tristeza, cine, música, odio, amor..., pero 21 gramos tan solo, eso es lo que somos.