Capítulo VI
Publicado en Mis memorias:Keyser´s years el 6 de Agosto, 2005, 0:40 por Tankian|
VI. Encañonado Creo que he recordado en algún párrafo que hace unos años tuve un accidente de coche bastante fuerte, el coche quedó siniestro total, pero yo salí ileso, un poco de bajón y dolor de cabeza, pero en un par de días estaba de puta madre. Esa fue la primera ocasión en mi vida en que tuve la certeza de que iba a perderla, me dejó unos días bastante tocado, dándole vueltas a eso de que somos una mierda y que en cualquier momento nos pueden pisar; pensándolo te preguntas para qué estás aguantando en tu curro asqueroso, cobrando un sueldo asqueroso y ahorrando para entrar en el club de los adultos responsables asquerosos. Está tan bien montado todo el rollo este de la vida adulta, del éxito, la madurez, la responsabilidad…que los fracasados cada vez son mas jóvenes, y son humillados, porque si dices que no te interesa currar 100 horas extra para poder pagar una hipoteca por una casa que tienes que amueblar con mierda porque la hipoteca te deja dos duros para vivir, y además esa casa no será tuya hasta que seas un jubilado en potencia hasta la polla de ver la casa, con ganas de pasear a ver obras, chavalas con pantalones apretados o lo que coño sea…si dices que eso no es tu meta te miran con pena, y con asco, y te sientes un retardado más hundido todavía en el fracaso, porque no estás en la misma onda, vives en un mundo de fantasía y estás condenado a llevarte muchas hostias, además hostias dadas con desprecio, que duelen más. Yo ya tengo 27 años, aunque aparento 30 y tantos, es lo que hacen los kilos, te envejecen. Cuando tenía 18 me echaban 21, cuando tenía 21 eran 25…y yo de puta madre, pero claro, ahora me echan más de 30 y me toca mucho las pelotas. Y es que hay mucho tocapelotas por el mundo, gente que te da consejos, que te critica, se mete en tus cosas…cuando luego ellos no valen una puta mierda y como a veces soy demasiado diplomático me callo y no se lo digo. Los peores son la peña-báscula, los que cada vez que te ven te dicen “joer macho, has engordado, como te cuidas” e incluso a veces te dan palmadas en la barriga…y a veces se sienten dadivosos y te dicen “estás más delgado, tengo que admitirlo”…¿y a mí qué coño me importa que admitas que estoy más delgado o más gordo, soplapollas?...quiero decir, vete a tu casa y mírate al espejo, si te gusta lo que ves sé feliz y haz feliz a la gente, si no te gusta pues dedícate a arreglarlo o a vivir con ello, pero no te dediques a pesar a la gente, porque anadie le interesa tu opinión. Con 27 tacos se me pasa a veces por la cabeza la idea de comprar un piso, mi novia y yo, pero veo los precios en Madrid y se me quita de la cabeza. Quizás algún día nos animemos, pero la verdad es que espero que sea para irnos de Madrid, a algún sitio más tranquilo, con peña menos desquiciada y, ante todo, con pisos más baratos. Pero también me echa para atrás que es el único paso que me queda por dar para caer en la marmita de la poción aborregadota, y ser un punto gris más. Y cuando lo pienso caigo en que habrá mucha gente que piense lo mismo, y que al hacerlo somos petulantes, porque nos creemos especiales, cuando seguramente somos un punto gris desde hace mucho tiempo, antes siquiera de habernos planteado el asunto. Reflexionando puedes llegar a pensar que quizás la muerte no es tan mala después de todo. Pero cuando te enfrentas a la muerte no piensas en todo ese rollo, te acojonas porque se supone que era solo una reflexión, que tú no has pedido morirte en ese momento preciso, que no tienes prisa, joder. Todo esto me lleva a la segunda vez que pensé que iba a morir, a finales de noviembre de 2001. Pero para llegar a eso primero quiero contar porqué estaba allí en ese momento. Había terminado lo de la radio, y uno de los que curraban en la emisora nos había dicho a cuatro de los del curso que un amigo suyo había montado una cadena de televisión y estaba buscando a gente joven con ganas. Para empezar nos pagarían el transporte, y si todo rodaba bien acabaríamos cobrando un sueldo guapo; no nos creímos lo del sueldo, pero estábamos en el paro y nos resistíamos a pensar que nuestra oportunidad en el mundo de la comunicación había terminado. Los elegidos fuimos Pilar, Mati y Álvaro, mi amigo tinerfeño, nos presentamos a la hora acordada en el local de la cadena, en una callecita pegada a la glorieta de cuatro caminos, en la que poco más de 2 años después llegué a vivir, una puta pesadilla, pero no nos adelantemos. Mientras esperábamos a que saliera el dueño, el amigo del de la emisora, nos flipamos viendo que todo estaba lleno de dibujos, panfletos y tal de una secta tipo Opus Dei, locos religiosos de esos, peligrosos que te cagas. El conserje del sitio hablaba de esa forma apacible y didáctica de los yonquis que intentan volver al mundo de los vivos. Nos confirmó que todo el edificio era de esa secta, la cadena de televisión también y, claro, el dueño era un iluminado sociópata, y además borracho. El menda salió con la nariz roja y las mejillas surcadas de venitas, se ajustó la corbata más a la izquierda de lo que estaba y nos estrechó la mano inclinándose un poco hacia delante, como un gentleman, a mi me recordó al camarero de “El guateque” que se bebe las copas de su bandeja y acaba pedo. Nos condujo hasta el estudio, que era bastante ganso, iluminado de forma que el fondo reflejaba las sombras hasta de cosas que no estaban allí. No tenían micros de corbata, así que el sonido se captaba con los de las cámaras, por lo que llegaba muy de lejos, con eco. Todo muy cutre, claro, y todos los que pululaban por ahí sonreían con los ojos muy abiertos y andaban como zombies, daban bastante yuyu. Yo, para variar, me ocupé de hablar de cine, luego me veía por la tele y me veía más gordo de lo que estaba, y es que es muy cierto eso de que la tele engorda, porque en los preestrenos había conocido a mucho famosillo televisivo y normalmente estaban en los huesos. Incluso una vez me reconoció una señora por la calle, y hasta le firmé un autógrafo, a lo mejor lo tiene en la puerta de la nevera pillado por un imán en forma de toro, hay gente para todo. El caso es que el último día en esa cadena yo iba hacia el estudio con Álvaro, esa mañana yo me sentía particularmente atractivo, o pretendía parecer gay yendo con él, así que me había maqueado, llevaba el pelo largo recién lavado y me había puesto un gorro de lana que mi tía se había hecho cuando era adolescente…iba fashion total. Desayunamos mientras hablábamos de cómo íbamos a mandar a la mierda al borrachín, que hasta nos había negado lo de pagarnos el transporte alegando…¡falta de profesionalidad! Salimos del bar y apenas dados unos pasos vimos unos metros delante como una pelea, nos fijamos un poco mejor y vimos que tres tíos trajeados estaban pateando a una vieja, pero bien fuerte, la mujer agarraba el bolso gritando como una rata hasta que uno de los trajeados le dio un tirón que le doblo el brazo hacia atrás, seguramente dislocándole el codo; la gente que andaba por la calle se había parado, y miraban la escena como si fueran figurantes en un rodaje. Los trajeados se levantaron y empezaron a correr en nuestra dirección, uno iba delante y los otros dos en paralelo detrás de él. No sé porqué, pero di un paso lateral para ponerme en medio, como si al verme ahí se fueran a parar. Entonces el que iba delante sacó una pistola y me apuntó, le miré y él a mí, como en una película de Leone, y en ese momento de verdad pensé que me iba a pegar un tiro, porque a esa gente uno más da lo mismo, sería apretar el gatillo y seguir corriendo. Gemí como una niña y salté hacia un lado, tapándome la cabeza con los brazos. Y pasaron de largo, aún así me quede con la cara pegada a la pared como un minuto, jadeando. Álvaro me tranquilizó como buenamente pudo y me quedé ahí parado, fumándome un cigarrillo detrás de otro; cuando la boca ya me sabía a cenicero rancio seguimos andando hacia la cadena, sin hablar, yo porque no me salía la voz y Álvaro porque no sabría que decir. Llegamos y lo primero que me encontré fue al borrachín regañándonos por llega tarde con su puta voz de gangoso. Le dije de todo, gritando todo lo alto que podía, enfermo, borracho, fracasado, vividor, loco, hijo de puta…buscaba frenético los tacos lo suficientemente gordos y pesados como para que salieran de mi boca como bolas, o como balas. Me desahogué con él, me di media vuelta y salí, nervioso todavía, pero mucho más a gusto que cuando entré. |
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