Septiembre del 2005


Capítulo XX

Publicado en Mis memorias:Keyser´s years el 30 de Septiembre, 2005, 0:29 por Tankian

XX. Cúspides en mi vida

Me he relamido las heridas demasiado delante de vuestros ojillos curiosos, y me parece que he dejado una imagen de perdedor frustrado que os alegra leer, porque eso de ver como alguien se muestra así es bueno par distraerse de la mediocridad propia.

Y no, aunque muchas veces lo pienso y me gusta quejarme no soy un frustrado, tengo muy claro que tengo 27 años y que con mi edad lo complicado es tener una novela publicada, además creo que siendo más joven no se puede escribir bien, y es que hay que vivir algo para creer lo que escribes. Yo he vivido varias cosas, pero sé que soy un imberbe vital comparado con mucha gente, no me creo nadie especial, pero tampoco soy un bicho gris y llorón.

Para demostrarlo dentro de mis posibilidades, y para aprovechar de paso la coyuntura para animarme algo, quiero hacer un break en estas memorias para recordar las cosas, los momentos, las situaciones,…que me han hecho sentir especial, bueno, grande; vamos, mis subidotes, mis puntos altos, las cúspides de mi vida.

Ahora que lo pienso, sí es un poco triste tener la certeza de que el break va a durar solamente este capítulo.

 

Hay trozos, fogonazos, de mi más tierna infancia en la que me recuerdo pletórico por las pasiones que levantaba; no tengo claro que un niño pueda ser vanidoso y orgulloso antes de cumplir los cinco, pero juraría que el montaje que conservo en mi cabeza tiene toda la pinta de que conmigo era así.

Empecé a leer pronto, según me cuentan con dos años leía el periódico sin problemas, pero ciertamente desconozco si es una exageración de mis padres o si es normal leer bien con esa edad, que yo creo que si.

Era el típico niño que acojona, porque hablaba como un viejo y además tenía unos ojos claros demasiado grandes que los años de llevar gafas se han encargado de joder. Recuerdo que disfrutaba escuchando hablar a los mayores y soltando frases preparadas para que se sorprendieran y me hicieran celebraciones y tal. Joder, me sentía la hostia porque sabía que me consideraban un enano inteligente y eso me ponía, me ponía mucho.

Como vivía en una ciudad cercana a la frontera francesa, en el país vasco, y estábamos a principios de los 80, ETA era el pan nuestro de cada día y se dejaban ver y escuchar en la vida diaria, y yo recuerdo ser como un  elegido en la guardería porque en muchas clases me sentaban aparte, ya que yo no era un garbanzo más para el caldo de cultivo  abertzale; obviamente yo desconocía estas circunstancias políticas y sociales, llegaba a advertir que en clase me trataban de forma distinta, y me molaba, y es que se ve que de pequeño yo iba para cabaretera o político, me gustaba  ser el centro de atención.

De aquella época data algo de lo que me enteré años después, algo que me viene a la cabezada vez en cuando, y me alegra. La cosa es que uno de los profesores de la guardería vivía cerca de nosotros y cada día me recogía y dejaba en casa con su coche; yo tenía una vecinita que se llamaba Mertxe y también venía a la guardería en el coche de Txema, así se llamaba el profesor. El padre de Mertxe era un alto cargo de la Guardia Civil, figura importante en la lucha contra ETA, y a veces nos dejaba él con Txema, vestido de uniforme y todo, lo cuál divertía a Mertxe, y a mí por aproximación.

Txema me tenía mucho cariño, lo recuerdo con bastante claridad, y mis padres también. Y viviendo ya en Alicante supimos que Txema había sido detenido porque era jefe de información de ETA, su trabajo era localizar a posibles objetivos, estudiar su rutina,  diseñar ataques, secuestros, atracos…nunca he dejado de pensar que el cariño que me tenía Txema pudo salvar al padre de Mertxe; seguramente no es así, pero la posibilidad de que así sea sigue llenándome de orgullo y es una de las cumbres más altas de mi existencia.

Por cierto, Mertxe se suicidó a los 17 años, s metía de todo. Yo me fui de allí a los 5 años, así que no pude hacer nada al respecto.

 

Con 8 años, o 9, me casé con la vecina de al lado porque la de enfrente no me hacía ni caso. Sí, actué por despecho. Pillé por banda a la de al lado porque era un poco tontita y siempre estaba persiguiéndome, pensé que seguramente el casarme podría celosa a la vecina de enfrente, pero ese año fue elegida Belleza Infantil de las Hogueras de San Juan y estuvo demasiado ocupada siendo guapa como para fijarse en el anillo de plástico  que me puse. Pero bueno, la semana que duró la intentona fue otro cúlmen en mi vida, me dejé adorar por la vecina tonta, le dejé tocarme la cola (era la primera vez que alguien que no fuera mi madre me la tocaba, y recuerdo que no me supuso ninguna alegría remarcable), hasta besármela, yo pasé de tocar ni ver nada porque pasaba de ella totalmente; todos los días me hacía retratos llenos de corazones y me los metía por debajo  de la puerta…lo peor fue cuando su madre le dijo a mi madre que nos habíamos casado, miré con odio a la traidora tontita y me di por divorciado, hasta tiré el anillo por la ventana.

 

Tuve muchas cumbrecillas en el colegio, yo era el superdotado de la clase según los psicólogos  y los profesores me trataban como tal. Yo era la estrella, el delegado perenne, ni se hacían elecciones. Yo convencía a los profesores de lengua para que hicieran concursos de redacción, los ganaba cada semana y todos se aburrían, todos menos yo, que era un gafotas ególatra que no era humillado por los demás porque había currado varias veces al fuerte de la clase y eso me había dado un status rarísimo. Era el empollón pero también el chungo, los profesores me respetaban y los broncas también. No sé como lo hice, pero creo justo agradecérselo a mi padre porque una tarde, harto de que siempre llegara llorando y con las gafas rotas, me dijo que la próxima vez que volviera así cobraba doble. Hostias, mano de santo, al día siguiente espere a Agus, el chulo de la clase, y le empujé al salir del colegio…él sonrió porque le salía una pelea gratis, pero le metí un repaso que creo que aún la recordará esté donde esté, solo me faltó comprarle unas gafas para poder rompérselas.

Sí, el colegio fue una sucesión de cimas, cuando no eran las notas eran las palizas. Qué tiempos, qué ganas de esperar a más de uno a la salida del curro y darle hasta que se me caigan los brazos…mejor no lo pienso más.

 

Ah, otra cima fue mi primera novia, y no por el hecho de liarme con una tía, no, sino porque yo tenía 12 años y ella 16…joder, que días, que morado me puse, cómo disfrutaba cuando los vecinos criticaban los filetes que me daba con ella, hasta mi madre me decía cosas, y eso solamente me hacía crecerme. Hay que darse cuenta de que yo con 12 años era un puto enano (ahora no soy alto, pero entonces ni había dado el estirón) que sólo pensaba en jugar al fútbol y que se dedicaba a meterse con las chicas; Trini tenía 16 años, era una mujer prácticamente, joder, yo la veía como una hermana mayor, una madrastra o algo así. Mis amigas y compañeras de clase apenas tenían unos bultitos debajo de las camisetas, eran informes, sin moldear aún…Trini era alta, tenía las piernas largas, unas tetas redondísimas y firmes, un culo también redondo…vamos, que llevaba el kit completo.

Hay un dato que hace más alta aún la cumbre Trini, y es que era la hermana mayor de Agus, el ex fortachón de clase, y la mirada dolida y humillada de mi enemigo valía incluso más que los apretones que daba en las gelatinosas nalgas de Trini que, dicho sea de paso, tenía más bigote que Tejero. Trini se acabó enamorando de un bakala al que llamábamos Motoporro y me dejó, y la verdad es que fue un respiro porque no podía aguantar más ver el  peso de la desgracia en las espaldas de Agus, que no era mala persona después de todo.

Motoporro dejó embarazada a Trini, tuvo un hijo llamado Brian (jajajaja, lo juro) y la última vez que le vi trabajaba en la frutería de un Pryca, y pude comprobar que no era especialmente alta y que aún no había oído hablar de la depilación.

 

Otro gran momento fue cuando gané en una partida simultánea al campeón de ajedrez de Argentina, que vino a mi instituto. El tío se folló a los demás en menos que canta un gallo, pero conmigo cada vez que pasaba se quedaba un poquito más, y al final se acabó sentando…joder que momento, todo el instituto alrededor flipándolo, y yo haciéndome el Kasparov, como si no les viera, con la cabeza apoyada en los puños y el ceño fruncido. El caso es que me emocioné, me puse agresivo y acabé arrinconando al rey del argentino que, con un recurso pobre y manido, hizo ver que era generoso y se dejaba ganar tirando el rey con un gesto. Luego me dieron la medalla y la gente me aplaudió, me faltaron las barras y estrellas detrás y alguna fanfarria. Esa medalla aún tintinea cada vez que abrimos el armario, se choca con otras que conservo en la puerta.

 

Otros tres momentazos fueron los tres concursos de relatos que gané en Alicante, uno en el instituto, otro a nivel del ayuntamiento y otro de una asociación de vecinos. Bueno, no es el Nobel, ni el Planeta, pero reconozcamos que hay mucha gente con 27 años que no ha ganado 3 concursos, escribiendo o haciendo lo que sea.

También en el instituto hice un cortometraje con unos colegas y ganamos 15.000 pesetas al guión en un festival de Benidorm, esa es otra cumbre; el corto es una vergüenza pero el saber las horas que me pasé con el montaje de sonido y todas esas movidas le da un valor especial. La cosa era que un tío se pira de su casa, abandonando a su mujer, y deja en la encimera de la cocina un pollo congelado, por joder. Pues con el tiempo se ve un programa en plan “Quién sabe dónde?” (yo hacía de presentador, muy mal, por cierto) en el que se habla de la “moda del pollo”, según la cuál toda la gente que se va de casa deja un pollo  congelado en la cocina. La última frase que se escuchaba era un locutor de la radio que decía “desde que Eugenio José Menéndez Pitusa se marchara de casa han sido miles los pollos descongelados con las lágrimas de parientes desconsolados…”; me sigue molando, era una crítica a los reality, a las modas y todo eso, quedaba mejor n el guión, en la pantalla no tanto.

 

El viaje de fin de curso del instituto fue a París y seguramente nunca tendré una semana más completa. Fui si ningún amigo, a mi bola, conocía a los demás porque éramos compañeros de instituto, pero no tenía relación con nadie.

Me tiré a tres tías distintas, y una de las noches me tiré a una de ellas y me fui de su habitación para tirarme a otra…ufff, que recuerdos, yo era el follandín enmascarado. Como no conocía demasiado a nadie decidí ir de misterioso, de interesante, y como hay muchas tías demasiado fáciles a la hora de usar trucos de ligón barato pues eso, que me hinché. Lo mejor es que las tres sabían de sobra que me las estaba beneficiando a cada una de ellas,  eso daba más morbo. Lo cachondo es que la última noche una tía del viaje se metió en mi cama y yo ni me enteré, así que no hicimos nada, cuando me desperté la vi en bolas a mi lado y a puntito estuve de darle mambo, pero era tarde y bajé a desayunar; pues sí, lo típico, corrió el rumor insistente de que me había follado a esa chica, de las otras tres nada de nada…mala suerte.

El destino es sabio, dos años después, en la universidad, me encontré con la que se había metido en mi cama y me la acabé follando, y follaba muy bien.

 

Pues eso, hay más momentazos, y el hecho de guardármelos me deja contento porque al final resulta que he llenado más de tres folios…hala, que sepáis que me guardo más.

Releyéndolo veo que de verdad me he puesto feliz recordando estas cosillas, me ha quedado hasta humorístico, nada que ver con el espíritu que quería darle a estas memorias, pero bueno, quién soy yo para censurarme.

Baja voluntaria

Publicado en relatos el 29 de Septiembre, 2005, 0:13 por Tankian

De:tankjan77@jotmeil.com

A: fcoalv@yaju.es

 

QUERIDO FRAN:

Hoy he matado a un niño, y me ha gustado, le he abierto los ojos con los dedos y le he llenado la cavidad ocular de huevos de culebra. Me gusta que las culebras resplandezcan entre sus párpados, es como si le brillara la mirada, que cuando le he matado a perdido humedad, es como si la córnea estuviera forrada de forro para libros.

Adoro provocar a los perros, a los grandes y babosos, les golpeo en el hocico, primero despacio, apenas con la punta de los dedos, como jugando; cuando el perro agita la cola y parece sonreír comienzo a darle puñetazos con todas mis fuerzas, y cada vez que chillan con sus IIIIII IIIIIIII!!! Desesperados les pateo las costillas. Al San Bernardo de hoy le he clavado un cuchillo entre las orejas y se ha muerto con la boca muy abierta, el morro arrugado, con la lengua como un condón medio lleno y la punta del cuchillo brillando un poquito. Después de hacerle una foto lo he puesto encima del cadáver del niño…ha sido divertidísimo tío, parecía que el perro estuviera sodomizando al mocoso, no he podido resistirlo y  les hecho unas fotos que pienso ampliar, en una he pillado un hilillo de babas sanguinolentas que unían al perro y al niño, joder, el hilillo brilla con el flash, es como si se intercambiaran las almas.

Sé que suena peliculero tío, pero eso es porque no lo has vivido, pero ya verás las fotos tronco, así a lo mejor te animas para la próxima, porque yo pienso repetir, joder que si voy a repetir, mil veces..no no, mil millones, hasta que se me caigan las manos de tanto apuñalar y los dientes de arrancar pezones helados.

Pero bueno, me estoy desviando, aún he hecho más, ya que me he decidido lo he bordado; cuando estaba haciendo la foto del hilillo al perro y al niño he oído que entraban la mujer y la hija…bufff tío, me he empalmado ante las infinitas posibilidades que se me presentaban. ¿Tú sabes que desesperación saber que tienes delante unos regalos perfectos con los que puedes hacer muchas cosas, pero no tienes tiempo para todo porque los regalos no son tuyos, o porque se romperán?...joder, no lo sabes, pero el caso es que me he puesto a llorar de emoción, he notado las putas mariposas esas en las tripas, como cuando me follé a la primera chica, la emoción tío, que me ha superado.

He salido a recibirles al salón, a la hija le he metido con los nudillos en la sien, el brazo me ha sonado como en las películas de Bruce Lee FFFFIIIIIUUUUU, como un palo cortando el viento, como una espada, y la chica ha temblado un poco, como bailando de guays, y luego se ha caído y yo la he atado a los barrotes de la escalera y le he metido los gayumbos meados de su hermano en la boca y se la he pegado con silicona.

La madre se ha quedado como loca, como colocada, con las venas del cuello hinchadas, resoplando, roja como un borrachazo, dando saltitos…y no ha gritado, y coño, en parte me ha decepcionado, pero le he dicho que como gritara la mataba, me ha molado decir eso, y la zorra se ha callado. Por si acaso gritaba le he metido el puño en la boca y me la he tirado, pero nada tío, porque estaba burrísimo y en menos de un minuto ya me había corrido. Ahogándola la he llevado hasta la cocina para que viera el mogollón de su hijito, las culebras y el chucho…ha vomitado y me ha bañado el puño de vómito, le he metido una hostia en el estómago, la he  tumbado boca abajo encima del perro, que se ha tirado un pedo por la presión, y eso que está muerto; he acribillado a puñaladas la espalda de la mujer y se ha muerto llorando, le ha pringado la cabeza al perro.

La chica estaba potable, pero me acababa de correr y no me apetecía follármela, ahora me arrepiento un poco porque me habría gustado petarle el culo, pero es que llevaba ya más de una hora en la casa. La he despertado a guantazos, ha intentado gritar, se ha puesto feísima del miedo, y le salía un poco de sangre de los labios, le he metido cabezazos, le he golpeado con la tranca riéndome, y aún me estoy riendo. Bueno, lo que he hecho ha sido arrancarle un ojo y luego le he roto varias patas de sillas del salón en la cabeza hasta que se le ha quedado el pelo pastoso de la sangre, pero seguía gimiendo. La he cogido en brazos y la he llevado a la cocina, por el camino le iba dando besitos en la nariz, como si fuera un bebé. La he dejado encima de su madre y ya está. Cuando me he ido seguía gimiendo.

Vale que se me ha ido la cabeza, vale que estoy zumbado, tú me lo has dicho muchas veces tronco, y sé que con la chota así no podías mantenerme en el curro, y que lo has hecho por mi bien tío, te lo agradezco. Por eso te lo cuento a ti el primero, para reconocerte que estoy loco, que tenías razón.

Bueno, también porque coño, siendo sinceros, me he cargado a tu mujer, tus hijos (tranquilo, la niña estaba gimiendo, no iba a ser todo malo) y tu perro, y creo que al menos te debía ser el primero en saberlo.

Afectuosamente, tu ex-empleado:

TANKIAN

Capítulo XIX

Publicado en Mis memorias:Keyser´s years el 29 de Septiembre, 2005, 0:11 por Tankian

XIX. El guionista que surgió del frío

Llegaron las navidades de 2003, que fueron una mierda como las de todos los años desde que perdí la niñez. Cuando eres un niño las navidades emocionan porque hay luces, música, mucha gente en la calle, bufandas, gorros, guantes con muñequitos…y los regalos, claro.

Cuando yo era pequeño venía mucho  a Madrid en navidades y luego les contaba la película a mis amigos de Alicante, les hablaba de la nieve, los papa noeles y reyes magos por la calle, los villancicos en la plaza mayor, los puestos…todo a lo grande, porque en Alicante sólo se notaba que era navidad si ibas a la Avenida Maissonave, que es donde está el corte inglés, y tampoco era para morirse.  Supongo que esos amigos que escuchaban mis navidades en Madrid habrán venido al cabo de los años a la capital del reino, puede que en navidades, y se habrán llevado una decepción acojonante. Y es que cuando se crece está clarísimo que se pierde algo, puede que inocencia, capacidad de sorpresa, apollardamiento…pero las mismas cosas vistas con el paso de los años pierden la magia.

Fijo que a muchos de los que leéis esto habéis vuelto a ver una película que recordáis como la hostia cuando erais más nanos. A mí me han pasado cosas así, y mucho, porque suelo tener etapas nostálgicas que, por suerte, suelen durar poco.

Siendo muy pequeño me traumatizó “El misterio de Salem’s Lot”, una miniserie con David Soul y James Mason basada en un pedazo libro de Stephen King. Bueno, me traumatizaron los escasos segundos que me ponían para hacerme llorar, porque yo me arrojaba como un poseso  contra la tele para apagarla.

Me llegó la edad del pavo, y con ella esa convicción de que ya era un hombre, nada me asustaba y sabía más que todos los adultos; una de las tendencias en ese estado es la de enfrentarse a los miedos de la niñez para demostrar así la rotura de esa etapa. Yo lo hice alquilando “Phantasma II” que era el título que le habían puesto  a “El misterio de Salem’s Lot”, y me pareció un coñazo cutre, con un par de escenas conseguidas (el hermano pequeño muerto que rasca la ventana de su hermano mayor para que le deje entrar y el enterrador (Geoffrey Lewis, papi de Juliette Lewis) obsesionado con el niño al que está enterrando) pero con unas actuaciones sosas y un ritmo irregular y lento. Seguramente no debería haberla visto, es como cuando se muere alguien y la gente prefiere no ver el cadáver para recordarle vivo y feliz.

Me ha pasado lo mismo con muchas de las películas para adolescentes de los 80, al verlas ahora me he dado cuenta del bajísimo nivel de la comedia juvenil ochentena; pueden decir misa los críticos y los culturetas, pero la trilogía de “American Pie” es mejor que “Desmadre a la Americana”, “Los albóndigas en remojo” y cosas de esas. Más quisieran en los 80 haber tenido a un actor para esas pelis como Sean William Scout, el inolvidable Stifler.

La verdad es que soy de los que no se creen aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor; en algunas cosas es evidente que hemos empeorado, pero creo que en la mayoría de los casos hemos evolucionado . Me revienta oír a la gente emocionándose cuando sale el tema de “de toda la vida de Dios”, empiezan a recordar cómo desayunaban, que tele veían, que radio escuchaban, que buenos eran los colegios, las películas, la música…joder, es cansino y pesadísimo ese discurso, y no lo comparto.

Creo que hay gente que sí puede reivindicar cosas de su época, pero nadie puede reivindicarlo todo y creer que tiene razón, son ganas de quejarse y poner pegas.

La gente que empezó a escuchar música en los finales de los 60-70 sí echará de menos la buena música porque es evidente que el nivel está boqueando en un río sin agua. Ponemos en un lado de la balanza a Led Zeppelín, Deep Purple, Queen, Hendrix, Doors, ELO, Bowie, Gloria Gaynor, Kraftwerk, Santana, Black Sabbath…. Y en el otro a Bisbal, Britney Spears, Amaral, la oreja de van gogh, Justin Timberlake, el reggaeton, ricky martin, chayanne, las spice girls,OT…y su puta madre…y claro, no hay color. Pero es lo de siempre, no hay color para mí, seguramente para mucha gente lo de ahora es mejor, y por desgracia cada vez será más así porque las nuevas generaciones están  creciendo escuchando esta mierda y los locutores de radio no tienen más cojones que poner lo que le dicen que hay que poner, y punto.

Pero coño, que me hablen de la mejor educación las personas que estudiaron en las escuelas de Franco…hostias, eso de estudiar libros maquillados, aprender historia ficticia, rezando todos juntos, con la fotito de un asesino encima de la pizarra…joder, hoy día si los chavales son unos ignorantes es porque la tele es así, los padres son así y la sociedad en general busca a ignorantes porque son los más fáciles de manejar. Sinceramente, creo que hoy día la oferta educativa es mayor y más completa que la que había hace 30 años, y el que eche de menos eso no ha estudiado ahora y además está mal de la cabeza.

 

 

Al empezar enero llegó Josito de Canarias para vivir con Enferma. Venía para los exámenes de acceso a la ECAM, y es que quiere ser guionista, lo cuál se agradece visto como está el patio. Incluso yo no tardaré en escribir un guión y moverlo, se tarda menos en escribir y puede dar más dinero.

Enferma ya había entrado a vivir en la casa de alquiler, entre Cuatro Caminos y Rios Rosas, una zona tranquila. Como yo era su mejor amigo le ayudé a hacer la primera compra y la acompañé en su primera noche de independecia (ya era hora); ya al entrar por primera vez vi la mierda susurrándome desde el suelo, los muebles y la cocina…resistí a los cantos de las sirenas porque era su primer día y, como decía ella, con la mudanza aún no había podido ni guardar todas las cajas, que cuando me fui un año y 3 meses después seguían allí, preñadas de tonterías y cubiertas de mugre, algunas en su habitación-pocilga, otras en el salón.

 

Josito tiene 3 años menos que yo, y no suelo notarlo cuando hablo con él, disfruto charlando con él, cuando nos hacemos los profundos, cuando nos hacemos los superficiales, los pasotas o las perracas. Y eso es raro, porque me suele aburrir la mayoría de la gente que conozco, y de un tiempo a esta parte decidí no tener demasiado contacto con las personas que no me gusten.

Desde pequeño me he aburrido hablando con la gente de mi edad, jugar y hacer el burro era otra cosa, pero siempre acababa con los mayores o martirizando a los pequeños. Seguramente me rodeé siempre de gente que no me entendía, porque no creo que sea porque soy más inteligente, más culto o más guay que los de mi edad.

De todos modos el reflexionar sobre esto me ha puteado bastante de forma inesperada, y es que he caído en que eso me sigue pasando, y con 27 años no me parece tan diferenciador y emocionante, me mosquea porque eso significa o que la gente de 27 años que conozco es inmadura o que yo estoy amargado y soy un viejo fracasado prematuro, seré egoísta pero prefiero la primera opción.

Todo esto venía a que Josito es un tío muy culto, buen conversador y pérfidamente divertido, y eso me gusta porque creo que compartimos muchas opiniones, sensaciones y puntos de vista. Además no le gustan las mujeres, y eso a la larga puede ser un puntazo a su favor.

Lo que más me diferencia de Josito es que el trabajo en varios años me ha amargado más de lo que me habría gustado y él mantiene el relax y la alegría de dedicarse a lo que gusta. Y es que claro, es un estudiante, yo un currante, es un asco, pero es así.

Cuando llegó estaba cortado y excitado, y es que se iba desde canarias a Madrid, que está a tomar por culo, sin familiares ni amigos a mano, sólo ante el peligro…y claro, eso es algo que acojona. Pero eso no era nada comparado con lo que le esperaba.

Todo pintaba bonito, iba a vivir con una chica enrolladísma, con muchos dvds (muchos sin abrir, ya que compraba a ojo), recién emancipada ( a la fuerza) y también excitada (aunque eso no era nuevo). Los primeros días fueron fiesta contínua, ver pelis en pijama, reírse, fumar, cocinar juntos…un piso compartido idílico, pero era como una secta, al principio todo es hermoso y luego todo cambia, a peor.

Capítulo XVIII

Publicado en Mis memorias:Keyser´s years el 24 de Septiembre, 2005, 11:28 por Tankian

XVIII. If i were a sweet girl

Yo cobré por tener sexo con mujeres; no, no es eso de la línea erótica, eso no es tener sexo, o sí, depende de la necesidad. No, yo cobraba a señoritas, y algunas señoritas, por acariciarlas, besarlas, comerles el sexo, dejar que me comieran el mío y, claro, penetrarlas.

A principio de diciembre de 2003 yo seguía entrando de vez en cuando en el canal #sexo del irc, buscando tías para tríos, a ver si la chati algún año de esta era se animaba, y es duro.

Una madrugada de insomnio me encontré con una tal SolaMadrid  que no hablaba en el canal, así que le abrí un privado y nos pusimos a hablar, sin pedirle nada me mandó una foto, concretamente una en la que salía la novia más fea de la historia de las bodas, pero tal criatura se convertía en una voraz Scarlett Johansson teniendo al lado a su hermana que, claro está, era SolaMadrid. Era fea de chiste, hay muchas clases de personas feas, pero creo que se pueden agrupar en dos, las desagradables y las graciosas; ella era de las graciosas, lo cuál es jodido, porque al verla daban ganas de reírse, y eso es comprometedor si la fea en cuestión está delante tuya.

Sola  me dijo que me pagaba 15 € si le dejaba que me chupara la polla y 20 € si le dejaba tragarse lo que saliera. Joder, más de uno habría perdido el culo por esa oportunidad. Yo le estuve dando vueltas bastantes días después de aquella noche, me pregunté muchas veces si habría accedido si no hubiera sido tan horrenda, y al final nunca llegué a una conclusión.

Quedaría bonito y sincero decir que llevaba prácticamente 2 años con mi chica, y la fuerza de nuestra relación fue la que me retuvo en la silla.  Pero joder, son 20 € por correrte en la boca de una tía fea, eso no es infidelidad, si una cosa así mina una relación es que esa relación tiene cimientos de cristal.

Supongo que si la chica hubiera sido normal esa misma noche me habría acostado con 20 €  más en la cartera. Y si hubiera estado buena…bueno, no nos engañemos, si hubiera estado buena no me habría propuesto eso…aunque si yo contara…quien sabe, un buen síntoma cuando estás escribiendo es sentir intriga por saber qué estarás contando  dentro de un par de párrafos…y eso me está pasando.

Los viejos síntomas de mis antiguas noches creativas van desperezándose, y eso me da esperanzas.  Me he pasado los últimos 3 capítulos con alegría, seguramente no serán los mejores de estas memorias, pero me los he pasado bomba escribiéndolos. Incluso hasta han comentado que estos capítulos han estado trufados de cortocircuitos, que me he dedicado a enumerar algunas cosas y solo me he centrado en algunas, incluso mi novia me lo ha dicho. Y la verdad es que eso me anima más, porque voy por el buen camino, y aprovecho para recordar que estas memorias son para mí, un vehículo con el que salir del barro y volver a la autopista, y de ahí a atronar con mi buga. Si señor, siento que la escritura vuelve a mí, y cada día tengo más ganas de convertir estas páginas en onanismo insolente, agresivo, insultante e íntimo.

Un consejo a los que leéis esto, no intentéis conocerme por estas páginas, porque ni yo sé en qué estoy mintiendo y en qué no. Limitaos a leer, a disfrutar si os gusta y a dejar de leer si os disgusta. Metedme caña, decidme que nunca seré Proust, es más, decidme que ni siquiera seré King, porque mi estilo no solo no es bueno, sino que ni sirve para vender libros en los aeropuertos. Decidme que es peor aun, que no tengo estilo, que estoy consumiendo espacio web para hacer el gilipollas.

Yo sigo queriendo ser como King, y lo único que busco es subirme a la bala, subir y bajar cuestas con mis dedos en el teclado y el viento de la autopista quemándome el pelo. Lo demás es mentira.

 

Sí, quedé con Sola, nos fumamos un cigarro en la plaza  de Marqués de Salamanca; intentó convencerme, no le importaba comérmela ahí, en el banco. Mientras me hablaba siseando con los dientes retorcidos mecía el carrito en el que su bebé dormía. Me sentí como un soldado zumbado en un puticlub de Hanoi; le escuché hablar de que su marido le zurraba, hasta le daba bofetones al niño, de que ella era mona cuando era más joven (cuando la gente se suelta a veces miente mucho), que era infeliz, que no le importaba pagar por comerse un rabo, que 20€ era barato. Al final me dio 20 € y ni tuve que sacármela, la conversación le pareció un buen sustitutivo. No rechacé el dinero, me compré el Hot Video de Diciembre (3€), me zampé un desayuno especial del vips (unos 6€), por la tarde fui al cine (casi 6€) y antes de acostarme me hice una paja mirando una foto de Lea de Mae cabalgando a Nacho Vidal, mirando  a la cámara como una pantera, mordiéndose el labio, llena de polla (gratis). Ahora Lea de Mae está muerta, no se si soy un necrófilo retroactivo.

 

En Alicante conocí a un chaval que jugaba en un equipo rival en el campeonato de la universidad, los dos estudiábamos Derecho, digamos que se llama Sergio, seguramente ahora será un abogado ligón y rico, yo ahora soy un ordenanza explotado y pesaré una tonelada más que entonces.

En un partido Sergio era mi marcador, le hice un caño que la peña aplaudió, intenté evitarle, pero acabé con el balón en los pies y él delante de mí, me dio un viaje que me dejó temblando. Al día siguiente apareció por mi clase y me dijo que me invitaba a un café en el Pan&Pasta.

Me pidió perdón, pero que yo era un cabrón por chotearle así, que eso no se hace que tal. Resultó ser un cinéfilo total, un pijo más total todavía y un guaperas supertotal totalísimo, al menos eso decían las pijillas comepollas de mi clase.

Sergio siempre iba vestido como si estuviera en un anuncio de Tommy Hilfiguer, con camisitas, pantalones caros, zapatos brillantes, la melenita siempre agitándose con sus andares…y yo siempre en chándal, porque siempre estaba entrenando o en el gimnasio, y además me movía en bici. Una pareja curiosa.

Ya había oído historias sobre Sergio, que si se había follado a la profesora de civil ( luego comprobé que era una folladora impresionante), que si era gigoló, que hasta había cobrado a compañeras de clase.

Acabé preguntándole por esas historias y las reconoció sin dudar, hasta se le veía orgulloso.

Una tarde coincidimos en la cancha de baloncesto y me preguntó si me hacía salir con él esa noche, que un amigo suyo tenía un garito en el puerto y teníamos barra libre y tal. Claro, yo por entonces compensaba el deporte bebiéndome hasta el agua de los floreros, hasta me apunté a una asociación con un colega, pero bueno, quizás hable de eso en otra ocasión.

Antes de ir al puerto Sergio me dijo que quería saludar a una amiga antes en la sala Wilson, conocida porque siempre estaba llena de marujonas y borrachines.

Entramos y Sergio se puso a saludar a todo el mundo, a las viejas, la no tan viejas, los borrachos, los camareros…Cuando llegamos a la barra ya habían dos cubatas preparados, estreché la mano del barman y observé a la fauna en la oscuridad de la  pista de baile, sonaba Julio Iglesias y los personajes se deslizaban, reptaban, todos negros, como cubiertos por una tela oscura, no distinguía ninguna cara.

Sergio volvió a mi lado, y yo ni me había dado cuenta de que se había ido; con él venían dos cuarentonas resultonas, parecían mellizas, las dos con el mismo par de tetas hinchadas saltando de los escotes, el mismo pintalabios con brillantina, la mirada rojiza del alcohol.

-La de la izquierda me la llevo al baño, es conocida. La otra compi paga bien si eres duro, llévatela al almacén, Joaquín (el barman) te da la llave- Sergio me hablaba en tono normal, las dos nos miraban sonriendo, coqueteando- fóllatela de espaldas y pégale en el culazo tío, así te pagará más.

Me tendría que haber sorprendido, impresionado, asustado…no sé, reaccionado a algo nuevo, pero no. Me giré y el barman me dio una llave sin mirarme a la cara, la tía me cogió de la mano y me llevó al almacén, abrí y entramos, no había mucho espacio.

La cuarentona no dejaba de sonreír, se puso de rodillas, me sacó una polla sorprendentemente erecta, se escupió en la mano y me hizo una centrifugado con la mano  que me hizo hasta doblarme un poco. Soltó una risita de loca y me hizo una mamada de mierda, con mucha saliva, pero nada, le gustaba sacársela y ver los hilillos de saliva, era la primer mujer seguidora de Rocco que conocía. Me di cuenta de que me miraba mucho y a veces se paraba, me acordé de lo que dijo Sergio y la puse de pie cogiéndola del pelo…joder tío, que cara de satisfacción puso, que loca.

Le di caña un rato, dándole palmadas en el culo, al cabo de 5 minutos me puse a bombear como un rayo y me corrí dentro. No habíamos usado condón, una semana después fui a hacerme la prueba del sida, y aún me la hice siete veces más. Sigo vivo.

Me pagó unas 6.000 por ese rato, y flipé en colores. Durante dos meses me follé varias veces a esa mujer, y a su amiga, que pagaba más pero exigía que le llamara mami…al principio era duro, pero bueno, tengo claro que cualquiera se puede acostumbrar a cualquier cosa, y digo a cualquiera, sin excepción.

También me follé a la profesora de civil en su despacho, era guapilla y tenía unos 32 años, estaba prieta y muy bien, me la tiré tres veces, y las tres fue la hostia, con muy buen rollo. Con otras todo era muy oscuro, como ilegal, parecíamos criminales y mentirosos. Con la profesora no, llegaba al despacho y me recibía sonriendo y me decía cosas tipo “bueno chico, que estress llevo esta semana, saca a la fiera a ver si me calmo un poco” o “para, para un poco, no la saques…estamos pa una foto, eh?” y nos partíamos, éramos dos coleguitas follando a gusto, incluso no le cobré la última vez. Ella me pagaba 8.000.

Prácticamente todas eran de 40 para arriba, pero una vez me follé a una de 19, como lo cuento, una tía de 19 años, monísima, nos pagó 5.000 a cada uno por metérsela, primero yo, cuando me corrí se la tiró Sergio; mientras yo picoteé el “catering” que la chica nos había preparado. Lo tenía todo preparado, nos pagó con dinero que sus padres tenían guardado en un mueble de la cocina. Ay, cuántos padres engañados hay por el mundo. Particularmente creo que ese ha sido mi punto culminante sexual fuera de una relación, follarse a un bombón de19 años en la cama de sus padres, cobrando mil duros con comida incluida…es un sueño, el sueño de cualquier tío, hasta de un cura …bueno, puede que para un cura no, 19 años es demasiado mayor.

 

Si yo fuera chica, y encima siendo un pibón, me dedicaría a follar por dinero a saco. Yo lo hice dos meses y me lo pasé bomba, supongo que las chicas me dirán que no es lo mismo pero, qué coño sabrán si no son tíos…qué menos que el beneficio de la duda.

Todo es según se mire.

The Descent

Publicado en cine el 21 de Septiembre, 2005, 10:36 por Tankian

El debut de Neil Marshall, “Dog Soldiers”, era un ejercicio de exageración, cachondeo y sangre que dejan un regustillo a serie B de terror que siempre se agradece y recuerda.

En esta segunda película, “The Descent”, Marshall se olvida del humor macabro de la primera, y si en aquella todo eran machotes y solo aparecía una chica (aunque muy guerrera y peligrosa) aquí se invierte el rollo, y es que todas son mujeres valientes, fuertes, buenorras e independientes, y solo sale un hombre, y dura poquito el pobre.

Creo que “The Descent” es el negativo de “Dog Soldiers”, lo que en esa era humor aquí es pánico seco y duro, lo que en esa era una aventura de maromos aquí es una pesadilla de maromas, lo que allí eran bosques inmensos (y una mansión) aquí  es una cueva negra como los cojones de un grillo.

Por un lado me ha parecido terrorífica la peli, si me pongo en el lugar de los personajes, además lo más perturbador es la posibilidad real de que algo así pueda pasar, no me parece tan fantástico.

Pero creo que esta película no es una de esas que se te quedan grabadas en la cabeza para siempre como puede pasar con “El exorcista” o “El resplandor”, y es que todos hemos estado alguna vez en un hotel y vivimos en una casa, y tenemos un cuerpo en el que puede entrar algo en un momento dado. Pero en lo que a mí respecta, lo que pueda pasar en las cuevas subterráneas del planeta me la suda bastante, porque no pienso bajar a verlo.

Realmente pienso que “The Descent” será para los espeleólogos y aventureros lo que “Tiburón” fue para los submarinistas y bañistas en general. Es más, si algún aficionado a las cuevas lee esto, NO VEAS ESTA PELÍCULA, HAZME CASO, ALMA EN PENA.

Avisados quedáis, mientras estéis al aire libre no pasa nada…aunque…no sé…cuando se cierran los ojos…se ve todo negro…muy negro…¡¡¡BUUU!!!

 

Que susto, verdad?

Capítulo XVII

Publicado en Mis memorias:Keyser´s years el 21 de Septiembre, 2005, 10:34 por Tankian

XVII. Vergüenza de no ser pobre

Yo jugaba al fútbol en Alicante, podía estar horas y horas jugando (iba a decir “dando patadas al balón” pero se lo pondría en bandeja a la  gentucilla que, en vez de simplemente decir que no les gusta el fútbol, suelta alguna sentencia ridícula; las dos más usadas son “no entiendo como te puede gustar ver a  11 tíos en calzoncillos dando patadas a un balón”, es decir, Miguel Angel era un “tío con una túnica que pintarrajeaba el techo de la capilla sixtina” y Einstein “Un tío despeinao que hacía tonterías con números”, en fin, que a mentes simples, simplificaciones. La otra, que normalmente se pronuncia con gran concienciación social, super comprometida de la muerte, es “yo no veo eso, me da asco que cobren lo que cobran, paso de ver jugar a millonarios”, ajá, perfecto, entonces no vayas  al cine a ver actuar a millonarios, normalmente mucho más que los futbolistas…en fin, que vaya paréntesis más largos).

Uno de los entrenadores que tuve, en un equipo de barrio, era El Chino, un personajillo cómico, feucho, regordete, bajito y un poco lento. Nos reíamos de él, y él se mosqueaba un huevo, lo cuál le hacía más cachondo aún, se parecía mucho a Alvaro Vitali, el inolvidable “Jaimito” de nuestra infancia. Tenía por entonces, cuando me entrenó, unos 29 años, y yo tendría unos 14; tenía una hermana que iba a mi clase en el colegio, Ángeles, que muchas veces venía a los entrenamientos y a los partidos para vigilar a su hermano, o más concretamente a nosotros, que nos pasábamos mucho.

Yo solía hacerme el amiguete de El Chino y le trataba como a un entrenador profesional cuando Ángeles estaba delante, así acabé haciéndole un dedo de vez en cuando y ella me la pelaba mientras hablábamos del instituto,  en el que empezábamos por ésa época; era algo tierno, no sé, muy de Bertolucci; vale que yo fingía con su hermano para que ella se entregara, pero en esos momentos de mutua masturbación éramos cándidos, dulcemente sexuales. Cuando terminábamos Ángeles me daba un pañuelo para que me secara de los dedos su inocencia, y ella solía sorber alguna gota rebelde que hubiera caído en su mano, le gustaba y nunca lo comentamos.

La última vez que vi a Ángeles yo estaba en la gasolinera, justo antes de venir a Madrid, y había montado una inmobiliaria, iba vestida con un traje de chaqueta negro y tacones, el pelo negrísimo y liso por los hombros…un bombón; le llené el depósito con la manguera y cuando se marchaba en el coche me pareció ver que se sorbía una gota de la mano y arrugaba la nariz…es lo que tiene la gasolina.

 

Antes de descubrir que había un bus directo de casa de mi tía al curro usaba el metro, lo pillaba en Manuel Becerra. A principios de noviembre, una tarde fría de cojones, bajaba yo corriendo las escaleras del metro y me llevé por delante a un indigente que solía ponerse al lado de la máquina de bebidas. El hombre solía estar siempre de pie, con una mano extendida y la cabeza llena de greñas y agachada.

Me disculpé, le di una palmada en el hombro y seguí andando, hasta que me dio un flash y me di la vuelta. El mendigo que estaba ahí de pie, como siempre, era El Chino, el tontín que me había entrenado en Alicante, el hermano mayor-menor de la adorable Ángeles, la Ángeles que aspiraba gotas de esperma, que vestía de marca y tenía una inmobiliaria, la misma que tenía a su hermano viviendo en la calle, pidiendo en una estación de metro de Madrid. Le miré  y me di cuenta de que me había reconocido, y me asqueó saber que seguramente me había reconocido la primera vez que pasé por su lado, y había pensado que yo no quería mirarle, que tenía cosas mejores que hacer que saludarle a él, que valía tan poco que hasta su familia le había dejado pudriéndose allí.

Llamé al curro para decir que me encontraba mal y no podía ir, me separé el móvil de la oreja mientras me lloraban e intentaban hacer culpable por dejarles tirados,  les dije que al día siguiente intentaría ir y colgué. Invité a El Chino a unos bocatas, los que se pudo comer, le di 20 euros y llamé a su hermana, no contestó, dejé un mensaje en el buzón de voz, dejé a El Chino comiendo y bebiendo y me piré a casa. No hablamos nada durante ese tiempo, todo estaba claro, él se llevó comida y bebida, 20 euros para vino tinto y el doloroso reencuentro con una cara del pasado; yo me llevé la buena acción del año, un gasto de dinero que me vino mal y el doloroso reencuentro con una cara del pasado.

Fue entonces cuando encontré el bus 28, que me venía mejor, y tuve suerte, porque si no habría ido andando todos los días, cualquier cosa antes de volver a encontrarme con El Chino. No he vuelto a esa estación de metro, no he tenido noticias de Ángeles.

Y, lo que es más grave, desde hace un tiempo no estoy seguro de que ese indigente fuera  El Chino.

Tampoco me importa.

 

Muchas veces he pensado en lo fácil que es quedarse en la calle, la finísima línea entre un techo y el cielo. El Chino o quien fuera aquel tipo es un ejemplo.

Me gustaría hacer un libro enorme con la biografía de muchos mendigos, y que se estudiara en el colegio, así a lo mejor la gente sería menos estúpida y valoraría más lo que tiene. Ah, y no huirían de la gente que pide en la calle, y los poderosos no permitirían que hay personas viviendo como deshechos, congelándose en la calle, apaleados por skins, latin kings y  mierdas de esos.

Me indigna, me duele…pero confieso que tengo que un sueño recurrente en el que me encuentro a Enferma pidiendo en la calle, y si eso llegara a pasar no se si huirle o darle dinero, que puede que le jodiera más. A lo mejor me masturbo delante de ella y me corro en su cara, puedo que eso le haga sentirse deseada  y su vida brillará por un instante…bucólico, eh?

Capítulo XVI

Publicado en Mis memorias:Keyser´s years el 20 de Septiembre, 2005, 11:14 por Tankian

XVI. La psicótica empujó a Josito al Averno.

Ya currando no entraba tanto en Trivialnet, porque el hecho de estar ocupado y menos autocrítico me alejaba casi de forma definitiva de la fauna lastimosa que puebla ese juego. De todos modos yo había conocido a una chica de Trivialnet, y es que el error de ir a la kdd abrió una época friki y vergonzosa en la que conocí a mucha gente del canal, quedaba con ellos a menudo, y criticábamos a los ausentes, y ellos a nosotros, y todos éramos una masa esponjiforme de subnormalidad autocomplaciente.

La tiparraca en cuestion tenía Loboloco como nick y la conocí porque se autoapuntó a una comida que tenía yo con Enferma. Ya en esa comida mi intuición me dijo a gritos que estaba como una chota, y así quedó patente.

Antes de empezar en este curro pasé muchas tardes con la loca esa, ella curraba repartiendo con una furgoneta y yo grababa cds de música para oírlos mientras hacíamos la ruta. Era una tía exagerada, me saludaba dando grititos como si lleváramos 10 años sin vernos, se pasaba horas recordando lo buena que estaba antes de estar hecha un cromo, para demostrar que no era mentira me enseñaba fotos suyas en pelotas, incluso se ponía como avatar en el Messenger fotos con sus tetas pálidas como reclamo. Se hizo “ciberamante” (sí, también hay de eso) de un abogado malagueño superjoven, rico y campechano que la tenía loquita; se pasaba las horas hablando con él, pero él nunca quería quedar ni mandarle una foto, siempre ponía excusas, pero la colega estaba tan emocionada que lo atribuía todo a la magia del amor y esas cosas.

Loboloco calmó sus ganas de ir a Málaga a amar a su abogado viajando a Barcelona a conocer a gente del Trivial. Entre esas personas a las que conoció estaba Josito, un chaval de Tenerife con el que yo solía hablar en el canal, por alguna conjunción astral desconocida nunca había tenido movida con él, incluso había sacado la cara por él en alguna ocasión; lo había tomado por protegido, me dio por ahí.

Josito quería salir de la isla para estudiar Guión en Madrid, y así lo hizo saber en el canal, para ver cómo tendría el tema de alojamiento y esas cosas. Coincidía la cosa con que Loboloco se había comprado una casa, porque con más de 30 tacos estaba ya decidida a abandonar la casa de sus papis, que era un chalet flipante cercano al del panadero de Barrio Sésamo.

Josito y Loboloco eran como supercompis desde lo de Barcelona y obviamente acabaron planeando el vivir juntos, que Josito entrara a vivir con ella en su recién comprada casa. Como yo no conocía a Josito no me preocupó que se fuera a vivir con una psicópata, aunque estando Enferma a punto de irse a una casa alquilada veía mejor que se fuera con ella…ay, si se pudiera ver el futuro, cuántos traumas y odio nos habríamos ahorrado, querido Josito.

El caso es que Josito al final acabó viviendo con Enferma, pasando así a los libros de historia como la primera víctima de la guarra mas guarra que ha gobernado charca pestilente alguna.

Hay que agradecer al abogado malagueño que fuera un buitre mentiroso, porque gracias a eso Loboloco desapareció de mi vida; lo que no sé es si Josito lo agradece también, porque él se quedó sin vivir con ella por lo mismo…pero claro, visto lo visto, puede que con ella hubiera estado mejor, o menos asqueado.

El abogado superjoven, moderno, romántico y enamorado era un colega casado y con hijos que se entretenía haciendo cibersexo con Loboloco para darle color a su gris vida hipotecada. La manejó como le salió de los cojones, y la loca reaccionaba como eso mismo, un día lo odiaba y al siguiente era el hombre de sus entretelas.

Un día me llamó la loca llorando porque el abogado le había confesado todo el meollo y había dicho que no quería saber nada de ella. Yo, que me apunto a un bombardeo, me metí en el Trivial en cuestión de milisegundos y puse al mentiroso compulsivo a caer de un burro, me lo pasé muy bien viendo cómo intentaba defenderle. Pues nada, la loca entró, vio lo que estaba pasando y me puso a mí a caer de dos burros, a mi novia también, y al día siguiente a Josito, que se atrevió a decirle que pensara un poco en lo que había pasado.

Vamos, que la loca estalló, según supe más tarde se puso a aullar en su casa, a golpearse contra las paredes, y hasta abofeteó a su madre, que la tuvo que encerrar en una habitación hasta que se le pasara el ataque.

Ya había inquina entre Loboloco y Enferma, y es que son tal para cuál, las dos acomplejadas, locas, calentorras, mentirosas y varias cosas más. La diferencia que personalmente encuentro es que Loboloco realmente en una pobre enferma y es esclava de su enfermedad; por otro lado, Enferma  es, además de una enferma mental, una mala persona, mala de raíz, consciente del daño que hace, y alegre de esa conciencia. Es decir, es mucho más grave lo de Enferma, seguramente llamarle Enferma es un flagrante eufemismo, haría más justicia llamarla Hijaputa, Desgraciada, Malapersona, Zorra, Guarra, Señora de las ratas…pero es mi detalle con ella, soy así de bueno.

 

Bueno, pues quedó decidido que en Enero Josito llegaba a Madrid, y viviría con Enferma. Empezaba a forjarse la leyenda más negra que la peste, Josito sigue con vida, yo también, somos los superhombres de Nietzsche, que seguramente soñó con Enferma en unas de sus borracheras; también es evidente que Suskind pensó en ella a la hora de escribir el principio de “El perfume”, que parece describir su habitación. Seguramente si buceara en la Biblioteca Vaticana encontraría grabados con la cara de Enferma y cuerpo de rata, y es que estoy seguro de que es una criatura atemporal, una leyenda sufrida por generaciones desde que es mundo es mundo, Enferma es a la limpieza lo que Keyser Söze a la policía, una pesadilla, un terror, inalcanzable, omnipresente e infinito.

 

En Octubre fui con mi primo al estreno de “We will rock you”, el músical de Queen que pasó unos meses en Madrid y que aún sigue girando por España. Baste decir que lo vi 31 veces, ahora lo pienso y parece una gilipollez y una frikada absoluta, pero en mi fuero interno soy consciente de que si volviera iría a verlo, seguramente no 31 veces, pero sí más de una. Pero coño, si siempre he sido un admirador de Queen me dieron en la mitad del gusto al traer eso a Madrid, ya estaba planeando ir a Londres a verlo hasta que supe que venía a España. Pues eso, puede que de vez en cuando hable del musical, y es que 31 veces dan para mucho, pero no voy a centrarme en ellos, no le veo el interés.

Nos quedamos en Octubre de 2003, a dos meses de la llegada de Josito, del comienzo del horror…me estremezco sólo de pensar en escribirlo, lo intentaré

Capítulo XV

Publicado en Mis memorias:Keyser´s years el 19 de Septiembre, 2005, 11:30 por Tankian

XV. Custodiando un Gruyere.

Le he dado vueltas al recordar en estas memorias engañosas mis aventuras y desventuras en este trabajo de mierda al que he vuelto después de las vacaciones. Estoy con la cosa esa del síndrome postvacacional, que es simplemente una depresión de mierda que me ha jodido al menos la última semana de vacaciones, porque me la he pasado contando las horas que quedaban para volver a esta piara asquerosa. Espero que en estos primeros días de vuelta no haya demasiada actividad por aquí y que Johnny Welcome, o Welcome a secas, un “compañero” que aparecerá varias veces por aquí, no me toque las pelotas demasiado; lo espero de verás porque le he dado muchas vueltas a la cabeza y estoy a flor de piel, no respondo, no me fío de mis reacciones en la próxima semana o diez días.

Pues eso, que en el anterior capítulo conocí este edificio desde el que estoy escribiendo, y he decidido citar el trabajo solamente al recordar cosas que merezcan ser contadas, paso de dedicarme a describir los pormenores del día a día porque me ha matado de aburrimiento el vivirlo, me acabaría de matar el escribirlo y os aburriría leerlo a vosotros.

Lo primero que me llamó la atención es que tenía que cuidar de un edificio en el que no funcionaba la alarma, porque no estaba activada, por lo que la gente se podía colar como Pedro por su casa. Claro, hubieron varios robos durante algunos meses, y las culpas siempre recayeron sobre nosotros, los recepcionistas, aunque como el problema era la dejadez del administrador del edificio, Guillermín el Estirao, la sangre nunca llegó al río. Pero es que esto funciona así, los jefes se desahogan presionando  y acosando a los trabajadores,  de paso se escaquean, y si luego sus escaqueos  quedaban al aire con un grito y un enfado todo listo.

Los primeros en empezar a currar en el edificio fueron los de una Guía de comercios y cosas así. Ocupan una planta y media y son los menos pesados, también llevan aquí 2 años como yo y ya nos conocemos, desde hace tiempo se han centrado en lo suyo y no en tocar los cojones y protestar como suelen hacer los demás inquilinos.

Lo peor de este trabajo, y es difícil quedarse con algo más desagradable que el resto, es tener que tratar con ejecutivos yuppies, empresarios cebados y su putísima madre. Me dan un asco…odio, rabia, impotencia, violencia…me lo provocan todo de golpe, y a lo grande. Son todos iguales, en manadas, ya se les oye antes de entrar al edificio, porque no hablan, gritan,  y se carcajean exageradamente, poniéndose rojos, pero no cae la breva de que las estallen las venas de la congestión y caigan a peso, fulminados y reventados por su propia estupidez.

Todos visten iguales, con trajes oscuros y corbatas horteras y llamativas que les hace sentirse modernos, rebeldes y rompedores, pero es un distintivo más que los diferencia de la gente normal. Hacen movimientos bruscos y amplios, posando, y para seguir su búsqueda de la individualidad en el rebaño dicen tacos muy fuerte, para que se oiga que además de hablar de cómo va la bolsa saben hablar como la gente de la calle, porque están muy vividos y están sobradamente preparados.

Muchos son unos desgraciados malos de verdad, con mala fe, se les ve venir; ya saludan mirándote con aires de superioridad y la boca arruga, como asqueados, y al verles sabes que están buscando algo de lo que quejarse, sea lo que sea, necesitan subir a la oficina con alguna excusa para parecer pétreos o indignados, porque es una buena forma de empezar una conversación entre superejecutivos, ver quién es más duro, macho, nazi e implacable.  Hay uno, que curra en la 2ª planta, que cuando viene con ganas de marcha simplemente se queda enfrente de la recepción, mirando al techo y bufando, he probado no decirle nada y ha llegado a estar ahí 4 minutos de reloj, cada vez sudando más y resoplando como un búfalo de mierda. Claro, el tema es que hay que preguntarle qué pasa, entonces parpadea lentamente, levanta una ceja y suelta alguna chorrada sobre que no le atiendo, que la tarjeta se le ha roto, que si su coche tiene una mancha que antes no tenía…mentiras de hijo de puta. El día que yo estalle en este trabajo, que pasará, subiré a la 2ª planta y reventaré a palos a ese puto yuppie desgraciado, y le colgaré en la recepción para que todos los trajeados lo vean y se indignen por algo real.

Algo que tienen casi todos los que trabajan aquí es la seguridad de que yo, como soy recepcionista, tengo que saludarlos uno por uno cuando entran, y con tono alegre a ser posible. Y una polla. Yo soy el que está aquí, ellos los que llegan, que saluden si quieren y si no mejor, que después de tirarme la noche aquí lo último que me apetece es hablar con nadie.

 

Creo que tengo un don, sin coñas, cuando conozco a alguien me bastan diez minutos para saber como es, al menos si merece o no merece la pena. Creo que esta intuición apenas me ha fallado, me fío bastante de ellas.

Cuando vine por primera vez a este servicio conocí a los tres compañeros que ya cité en el capítulo anterior, y con ese primer día tuve una idea de cada uno que resuló ser correcta. La pelo Rata (se llama Angeles) era una desequilibrada mantel, histérica y seguramente maltratada en casa, no sé si lo último es consecuencia de lo primero o viceversa. Aroha era una chica acomplejada porque había tenido buen tipito y por una depresión se puso muy gorda, pero intentaba disimularlo siendo exagerada, fantasiosa y haciéndose la seductora, pero no es mala gente. Herminio es más simple que el mecanismo de un botijo, pero se pasa el día quejándose, sospechando y oyendo íntereconomía, porque invierte en bolsa, es un personaje extraño que puede parecer inofensivo, pero como le des confianza te la puede montar.

Los tres se acabaron yendo del servicio, mas bien les quitaron del servicio, pero Herminio ha vuelto este mismo mes y está como siempre, no cambia.

En estos 2 años y algo he tenido varios compis, y han sido todos igual de insulsos para mí, no me ha interesado ninguno más allá del trabajo, si bien es cierto que es lo que he pretendido desde que entré, dedicarme a lo mío. Solamente he salido por ahí con un compi del curro, que ya no lo es, y lee y comenta estas memorias con el nick Hi. Es el único que me ha visto fuera del curro, y el último.

Ya había quedado con mi tía en que cuando yo trabajara le pagara 150 € por la comida, luz, agua, teléfono y cosa así. Con eso me sentí mejor, ya no me sentía tan parásito, y podía pensar en irme con la cabeza más alta.

Cuando cobré el primer mes aluciné, llevaba muchos meses considerando el sonido de las tragaperras  del bar de abajo como un lujo, y no por las tragaperras en si, que nunca me han llamado la atención, sino porque tumbado en la cama, en el paro y llorando,  imaginaba a los parroquianos en el bar, hablando de fútbol, tomando café, hojeando el periódico…y eso para mí era un anhelo, un objetivo inalcanzable, no tenía para un café. Llegué a vender todos mis libros en una librería de segunda mano para poder desayunar en un bar de vez en cuando, me dieron 14 € por todos los libros que llevé, que fueron unos 40…me sentí sodomizado, escupido y golpeado.

Pues eso, durante los cuatro últimos días del mes consulté el saldo de mi cuenta como un loco, muchísimas veces, y cuando vi que había cobrado me puse a cantar, algo de The Doors, no se por qué, pero canté en voz alta, delante del cajero, y me olvidé de que había gente que me miraba, estaba flotando, y ahora lo pienso y me da pena que me pusiera así  con 25 tacos por cobrar un sueldo de mierda, al recordarlo me doy cuenta de cuánto m había hundido hasta encontrar este trabajo.

Claro, lo primero fue entrar en el bar, sonriendo, y tomarme un café y una tostada hojeando el periódico, con calma, estuve allí como tres horas, me tomé otros tantos cafés…ha sido la única vez que empecé un periódico por el principio y lo leí sin prisa. Ciertamente, por mucho tiempo que pase, ese momento no ha perdido su fuerza, fui muy feliz con ese café en la mano. Entiendo perfectamente que los desfavorecidos sean tan agradecidos, me conmueve y me indigna, pero lo entiendo…cuando no se tiene nada cualquier detalle es una joya.

Tengo muy claro que un albañil molido por los años en la obra es más feliz tomando un bocata y un botellín con sus compadres después de la jornada de lo que puede soñar serlo un yuppie engominado con todas sus carcajadas y poses repulsivas. Y si no es así ojalá lo sea

The Devil's Rejects

Publicado en cine el 15 de Septiembre, 2005, 18:58 por Tankian

 

Hace un par de años leí por alguna web que Rob Zombie había dirigido una película, “La casa de los 1000 cadáveres”,  sabiendo las pintas que tiene, la música que hace y el genio que gasta el maromo la bajé y la vi. Me fascinó, me pilló a contrapie, yo esperaba una chorradita con heavy cutre, motos y culos en pompa…y sí, había heavy , aunque no muy cutre, y culo en pompa, el de Sheri Moon. Es la mala de la peli y esposa de Zombie.

Tan flipado como me quedé me entusiasmo el final, con ese “The End?” que prometía más locuras.

Pues bien, la secuela ya está hecha, bajada y vista con mucha atención. La primera impresión es que “The Devil`s Rejects” es inferior a su predecesora, y sabiendo lo que me gustó era de esperar.

Pero claro, no hace ni una hora que la he visto y hay que dejar que repose para valorarla en su justa medida, en unos días volveré a verla para saborearla mejor.

Pero es una inyección de adrenalina brutal, vertiginosa, lasciva, sangrienta, desprovista de cualquier prejuicio…es terror puro y duro, al menos para mí, que me aterroriza más un grupo de desequilibrados que adoran dañar a los demás que un fantasma que se aparece en pasillos oscuros.

Echo de menos algo de desquicio en el uso de la cámara y la fotografía, pero si “La casa de los 1000 cadáveres” huía de los convencionalismos de género y por ello era anarca total en su estética, “The Devil’s Rejects” es una Road Movie deudora de títulos como “Asesinos Natos”, “La matanza de Texas”, “Las colinas tienen ojos” (con el agradecible cameo de Michael Berryman, inolvidable Plutón en la peli de Wes Craven) y “Abierto hasta el amanecer” en su sección de carretera (otro cameo acertado, el de Danny Trejo, primo de Robert Rodríguez y camarero del garito de los vampiros).

Desde los títulos de crédito queda en evidencia el homenaje a estas pelis, al polvo del desierto, los moteles, el sudor y, por supuesto, la sangre y la locura.

Baby (Sheri Moon) sigue atrayendo a las víctimas (y de paso a nosotros) con ese culito que Dios le ha dado, y sigue siendo tan diabólica y mortal, con Baby la muerte es bella, dolorosa de cojones pero bella.

 

Su hermano Ottis (Bill Moseley) sigue acojonando tanto con su primitivo amor por la tortura, esa mirada iluminada de Charles Manson y su afición a ponerse las caras de sus víctimas.

Y el capitán Spaulding (el veterano Sid Haig) sigue siendo un puto payaso macabro, despiadado, sin entrañas y digno papi de esas dos joyas.

 

Obviamente recomiendo ver primero “La casa de los 1000 cadáveres” y luego esta, y a ver que os parecen.

Hala, un hachazo para todos, con todo mi cariño.

 

 

 

Capítulo XIV

Publicado en Mis memorias:Keyser´s years el 12 de Septiembre, 2005, 17:10 por Tankian

XIV. Digno explotado

Cuando tenía unos 12 años me operaron de los pies, no sé que les pasaba pero levaba desde muy niño con muchos dolores y con plantillas de estas que te curvan la planta, una tortura. Cuando me tocaba las plantas notaba un tendón muy duro, y eso era lo que me hacía andar con los pies torcidos, como un engendro. Yo me moría porque me operaran, tenían un gusto insano por los quirófanos, el olor a desinfectante, el tacto de las agujas….es raro, sí, pero yo ya era raro por entonces, quizás más que ahora.

Creo que toda psicopatía tiene su raíz en la más tierna infancia, prácticamente todos los grandes psychokillers fueron maltratados y humillados cuando eran inocentes criaturitas, les curraban, les vestían de niña, les insultaban…no quiero tener niños porque me tentaría experimentar con ellos, crearlos a mi imagen y semejanza…sin pegarles ni nada de eso, claro.

Yo creo que mi amor por los quirófanos venía de mi primera operación, fimosis; fue en Irán, tendría yo unos 4 años (a un colega le operaron de fimosis con 15 años, fue una tortura no poder empalmarse, se le saltaban las lágrimas) y un terror atroz a los hospitales, para tener 4 años lo recuerdo con bastante claridad. Recuerdo que las enfermeras y el doctor me tuvo que prometer una tortilla de patatas si me dejaba operar, y también que cuando me desperté me dieron una puta tortilla francesa, y seguro que de solo un huevo. Ya empezaban a timarme, para que me fuera acostumbrando.

El olor a tortilla se me quedó en el subconsciente y lo acabé relacionando con los quirófanos…es que el cerebro es muy complicado. Por eso cuando me dijeron que me tenían que operar de los pies lo flipé, como un gilipollas, hasta iba emocionado.

Me operaron los dos pies a la vez para que no perdiera muchas clases, y fue un suplicio no poder apoyar ninguno, pero bueno, lo llevé como pude, en la clínica donde me operaron curraba mi madre, así que sus compis me mimaban, venían a visitarme y todo. Había una tal Esther que parecía la típica enfermera ninfómana de las pelis; tenía como 40 tacos y más tetas que espalda, y curraba normalmente de noche, así que siempre se pasaba a saludarme cuando estaba solo viendo la tele, una vez entró cuando yo tenía puesto  un canal local con una porno y no me dio tiempo a quitarlo. La zorrona se rió y me dijo algo como “qué jóvenes empezáis ya, chico, no sabéis nada” y yo sonreí como sonríen los chicos de 12 años empalmados ante una enfermera calentorra; obvio es decir que cuando cerró la puerta me casqué una que casi pierdo el sentido.

Al cabo de 1 mes pasé del médico y de mi madre y me puse a jugar una pachanga, no me dolía nada, así que me di por curado. Lo que si notaba era como humedad en los pies, así que cuando terminamos me quité las botas y contemple entusiasmado que mis calcetines goteaban sangre. Flipante. Y no me dolía. La gente venía en peregrinación a ver como me quitaba los calcetines y  caían riachuelos de sangre…los calcetines quedaron allí, en la tierra, como tampax gigantes. Se me habían abierto los puntos, pero del todo, no había quedado ninguno en su sitio; mi madre me impulsó a collejas hasta la clínica y hasta el médico se animó y me dio una, desde entonces hasta que salimos me encogía cada vez que pasaba alguna enfermera o ats cerca de mi cabeza. El doctor me dijo que era un irresponsable, que con lo bien que iba la curación me la había cargado, que ahora a saber cómo quedaría. Me grapó las heridas y volvimos a casa, yo en ambulancia, me subieron al ascensor en silla de ruedas…era el rey del mundo.

 

Y sí, el doctor tenía razón, su careto se me apareció en las nubes, como los recuerdos de los jugadores en “Campeones” y me decía <<la has cagado gilipollas…la has cagado>> mientras notaba la sangre en los calcetines, de pie en la puerta principal de Gregorio Marañón. Fue una señal, la excusa divina para irme de esa pocilga, se lo dije al jefe de equipo, que como siempre en estas empresas es el más tonto y comepollas del servicio, siempre es así.

Mi tercer trabajo fue como repartidor en Telepizza, y allí comprobé por primera vez que los encargados en casi todos los trabajos, sobre todo en sitios como McDonalds, Burguer King o Telepizza, y sobre todo en empresas de seguridad, son los mas gilipollas e ignorantes del rebaño, por una mierda de sueldo se dedican a ser odiados por sus compañeros, a creerse que son importantes y a esperar la recompensa de la empresa hasta el mismo día en que les dan la patada en el culo.

Este jefe de equipo del Gregorio Marañón era otro mas a la lista, hablaba lentamente, mirándote a los ojos como si se estuviera discutiendo el devenir de una nación, sin ver que era un pringao que hacía más horas que un reloj a cambio de nada. Me hizo trabajar con los pies hechos polvo hasta que acabó el turno, razón de sobra para denunciar y ganar algo, pero para un curro que encontré tampoco me iba a poner en ese plan. Llamé a la empresa y me dijeron que al terminar me pasara por allí y me asignarían otro servicio en el que no tuviera que estar de pie, mis pies lo agradecieron. Es algo que no entenderé nunca, por qué los trabajadores de las empresas de seguridad siempre tienen que estar de pie…¿para parecer más altos? ¿más prestos y dispuestos?. No es bueno estar 8 o 12 horas de  pie, y si a los clientes no les gusta vernos sentados, que se jodan.

Me mandaron a un edificio de oficinas que aún no estaba terminado, pero casi, ya se había mudado una empresa que iba a ocupar un piso y medio de los 4 que tiene el edificio. El curro era recepcionista, y lo sigue siendo más de 2 años después, en esta empresa no saben lo que es eso de subir de categoría.

No había ni recepción, solo una mesa de mierda con un ordenador y papeles apilados, y ahí había que montárselo para pasar horas y horas decepcionando a nadie, porque aún no había currantes en el edificio. Y no había internet, y el administrador del edificio (el cliente principal) le dijo a nuestro inspector (un tonto de baba, pero un crack comparado con Pedrito el Triste, el que tenemos ahora) que teníamos que ir meados, cagados y no se qué más…es decir, que no nos podíamos mover de la silla nunca. Claro, y una polla como una olla. Eso de que la esclavitud se abolió hace tiempo es más que discutible.

Pero bueno, no pintaba mal la cosa, un curro así es tranquilo, se puede leer, escribir y cosas así, tomé la sana decisión de aprovecharme al máximo de la empresa, ya que es lo que hace ella conmigo. Así es la cosa, si te están dando por culo que menos que meterla tú en caliente de vez en cuando, aunque sea la puntita.

Tenía  dos compañeras(la pelo rata y Aroha) y un compañero (Herminio),  pero me la sudaban bastante, me quería dedicar a escribir y a leer, ingenuo de mí.

Por entonces veía muy a menudo a Enferma, salíamos por ahí y comíamos juntos muchos días en Chueca, donde ella trabajaba en un despacho de abogados. Ya me había dado cuenta de que no estaba del todo bien de la cabeza, pero quién lo está, así que seguía quedado con ella y sonriendo neutralmente cuando le decía a alguien que yo era su mejor amigo. Cuando salíamos se vestía lo más putona que podía, repintaba los labios de rojo chillón, se ponía faldas cortísimas, se subía las tetas hasta el cuello, se ponía medias de rejilla y botas altas…supongo que es tan desgraciada, acomplejada, fracasada y horrible que vistiéndose de guarra se sentía deseada y útil, al menos para que ningún chavalín se fuera a casita sin haber follado.

Enferma hablaba a menudo de que se quería independizar (con 28 añitos tampoco es que fuera una idea aventurera) porque vivía con su madre, su abuelo, su tia, sus primos y no se qué más; vamos, que eso era un circo, y la única carpa privada era la suya, porque no dejaba que nadie entrara en su habitación, más tarde supe por qué era, y lo pude confirmar al vivir con ella, pero ya hablaremos de eso.

Yo había decidido independizarme porque estaba acostumbrado a vivir por mi cuenta y porque mi obligado destierro por el gabacho me había hecho jurármelo por mi honor. Como acababa de empezar el curro no podía irme todavía, pero Enferma se decidió a buscar piso y le comenté que más adelante, cuando me hicieran indefinido (si es que llegaba) me iría a vivir con ella. Los detalles que advertía cuando estaba con ella me deberían haber hecho reflexionar un poquito, más la experiencia traumática de Josito, la primera víctima de Enferma. Pero fui ciego y pagué mi ceguera con creces, joder que si la pagué. Ahora, cuando nos juntamos mi novia, Josito y yo somos como viejos camaradas de Vietnam, y es que el Horror compartido une mucho.

Así que ahí estaba, iniciando una nueva etapa vital; nuevo trabajo, posibilidades de volver a independizarme, cada vez me veía más con mi novia y estábamos más seguros de nuestra relación…si lo juntamos todo no estaba mal el panorama.

Pero si después de la tormenta siempre llega la calma después llegará tarde o temprano otra tormenta, es lo que hay.

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