NADA

Publicado en relatos el 2 de Diciembre, 2005, 23:49 por Tankian

La niebla, lame la ventanilla, la niebla, mordisquea el asfalto, la niebla, lame  mis párpados. Mis párpados, se cierran, mis párpados, tiemblan, mis párpados, escuecen. Es tarde, ya no miro el reloj, no siento el reloj, no siento la muñeca, no siento el brazo, no me siento, me aburro a mí mismo. Hace miles de años que dejé de gustarme, me convertí en esto, en la rutina, la monotonía de un coche ronroneando en curvas nebulosas, un conductor de vista cansada, perenne, adormilado, gobernado, sin ganas de sentir angustia, angustiado y muerto por dentro.

Todo empezó en el umbral de un millón de glaciaciones  en  sepia, no recuerdo el año, el siglo…sé que yo existía, era un bicho más, un ratón atolondrado, encerrado en un pasillo, en  un lado el trabajo, en el otro mi casa, en medio nada, la nada más absoluta de la que no se puede decir, literalmente, nada. Yo volvía del trabajo, la calefacción del coche, la radio, el mullido asiento…todo me mentía y hacía más cómodo el pasillo, una maniobra de distracción, unas pinzas baratas para nadar en un pantano de excrementos humeantes.

Era mi aniversario, varios años casado, una vida de fotografías con capa brillante, una polaroid gigante seguía escupiendo mi vida, se aclaraban mis vivencias y yo no me paraba a pensar en ellas…por que no tenía tiempo; tiempo, no recuerdo lo que significaba, no sé si estaba compuesto por segundos, granos de arroz o escupitajos, quiero que me regalen una bolsa de tiempo, una grande, para quemarlo y calentarme en el interior de este coche susurrante, con algo de suerte prenderá mi pelo y me quemaré entre la niebla y este coche seguirá comiendo curvas conducido por mis cenizas, por los siglos los siglos, amén.

Llegaba tarde a nuestra cena y corrí, corrí mucho para tanta niebla y al acabar un anuncio en la radio sonó el estampido, pensé que era un efecto de sonido y bajé el volumen y mire hacia delante y me quedé con la mano en la ruedecita la radio. Aquella mujer me miraba a través de la luna delantera, era una pegatina humana, tenía la boca muy abierta y gritaba, llenó el cristal de vaho y sangre. Frené, desapareció y escuché el sonido de su cuerpo contra el suelo, me quité el cinturón e, incomprensiblemente, apagué la radio para no gastar, quité las llaves del contacto y me bajé con la imagen de su cara en el cristal, cuando puse un pie en la carretera ya estaba perdidamente enamorado de esa mujer, de su boca abierta, de su vaho, del sonido de su cuerpo al rodar por el capó, su fragilidad…bajé nervioso como un chico en su primer baile, recuerdo que me alisé el pelo con la palma de la mano mirándome en el retrovisor, me froté los dientes con un dedo y sonreí y me asusté porque mi sonrisa estaba loca y mis dientes brillaban en la niebla, mis ojos estaban lejos, no me ví claramente, podía no estar y no me habría dado cuenta.

Estaba tirada delante del coche, una forma llena de curvas, una araña de 4 patas, expectante, hermosa…me apresuré improvisando una disculpa ingenua, metí la llave en el contacte, giré y encendí los faros. Ahora la veía, tal como era, tumbada en la niebla, las virutas grises se empujaban unas a otras, la besaban, le hacían el amor, le susurraban, todas a la vez, y ella me miraba a mí, labios ligeramente separados y temblorosos, sus piernas largas desparramadas y ennegrecidas, un zapato colgando de los dedos, el tacón roto a los pie de una rueda, un brazo debajo de su cuerpo y el otro alzado, la mano abierta y tensa, buscándome, anhelante..el vestido estaba levantado un poco y vi sus bragas, blancas, salpicadas de sangre, le bajé el vestido para taparle y le miré, cogí su mano y ella lloraba. Besé sus dedos con cuidado para no dañarle y ella lloraba con la boca sangrante casi desdentada, lloraba haciendo BAAA BAAA, pegando sus labios, y le limpié los mocos, le sonreí y le besé, mi lengua sabía a sangre y exploré sus encías desgarradas para calmarle y ella empezó a temblar y me separé y me habló, pegué mi oído a sus labios y dijo "Nada".

Oí un motor cercano y monté en el coche, cuando arranqué ella estaba muerta y yo no podía hacer nada, me sequé las lágrimas enamoradas con la manga de la chaqueta y huí, nadie habría entendido nuestra loca historia de amor, quedaría entre nosotros.

Llegué a casa, me miré en el retrovisor y ya no lloraba, me bajé del coche pensando en mi mujer, la veía con la cabeza de mi dama del asfalto, por mucho que me esforcé mientras me acercaba a la puerta la cabeza se transformaba y era ella con el cuerpo de mi mujer, con las piernas y los brazos sanos. Me tragué un nudo de dolor y metí las manos en el bolsillo. Las llaves no estaban, las había dejado en el coche, me giré y el coche no estaba, di un paso y el parque no estaba, se había ido con los niños jugando dentro, otro paso y el cielo no estaba, me di la vuelta y mi casa no estaba, mi mujer se había ido, miré al suelo y yo flotaba en niebla, y la niebla me empujó y ya no me vi las piernas, la niebla me golpeó y me senté en ella.

Y sigo sentado, invisible, enamorado, sin nada, en la radio la niebla me cuenta historias de miedo, de amores perdidos, quiero llorar y no me encuentro los ojos, miro alrededor y todo es niebla. El coche ronronea, mi corazón muerto no late, yo sigo aquí, pensando, sufriendo, tragándome los gritos sin agua.

Termina la historia de la radio, publicidad, el impacto, su cara, dibujo un corazón deforme en el vaho.

Bajo del coche, la niebla me aprieta, los focos están encendidos, ando con nerviosismo, como la primera vez.

Me duele seguir…debo besarle.